El tormentoso romance entre Amy Winehouse y Blake Fielder-Civil

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La cantante vivió una turbulenta historia de codependencia, polémica y excesos

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Amy Winehouse describió muy bien su experiencia en el amor cuando cantó: “El amor es un juego perdido, uno que desearía nunca haber jugado”, y es que la historia que ahora sabemos que tuvo con Blake Fielder-Civil no es para menos.

Era 2005 cuando Amy conoció a Blake en un pub de Candem Town, en Inglaterra. Ella recién había estrenado su disco Frank que fue un éxito entre los críticos y que justo trataba temas de desamor, el que vivió con el periodista Chris Taylor, su primer novio.

Blake describió ese encuentro como una conexión inmediata: "Yo estaba en el bar y entró ella. Jugamos al billar y nos fuimos a otro pub. Luego volvimos a casa de Amy. Ambos estábamos saliendo con otras personas, pero no pensé en ello como en una infidelidad. Solo la veía como una chica muy caliente. Yo era así", dijo a las cámaras del documental 'Amy' (2015).

En el mismo documental, él se describió como un casanova y se mostró orgulloso de ser mujeriego, desparpajado y adicto. Amy estaba rumbo a la fama mundial, dedicándose de lleno a la música, y sin embargo el clic fue inmediato, y tan explosivo que al mes de conocerse, ella se tatuó el nombre de él a la altura del corazón.

La relación los llevó al extremo de la codependencia, decían que les gustaba sentir dolor y experimentar lo que el otro sentía. La muestra de que esa relación no era sana se mostró al público cuando en medio de una borrachera, él se cortó con una botella y ella lo hizo también.
"Haré lo que tú hagas. Quiero sentir lo que sientes tú", le dijo Amy.

Los problemas de pareja se hicieron más tóxicos cuando Blake le dijo que no dejaría a su novia por ella y que mejor fueran amigos. Amy entró en una depresión profunda y declaró: “Cuando rompimos, me volví completamente loca, era una imprudente. Enloquecí. Todo me recordaba a él. Buscaba algo en la nevera y lo veía. Subía las escaleras, veía sangre en las paredes y pensaba en él; pero era de mis puños”.

A partir de todos estos ires y venires en su relación con Blake, Amy ya no pudo lidiar funcionalmente con la depresión y comenzó a beber en exceso. Su representante le pidió que dejara de beber y le ofreció llevarla a una clínica de rehabilitación. Ella respondió que iría sólo si su papá se lo pedía. Su papá, ambicioso y mezquino, dijo que ella estaba bien y que todo era temporal.

A pesar del alcoholismo, las drogas y la depresión, Amy siguió trabajando para beneplácito de su papá y otros interesados. Ese proceso quedó plasmado en 'Back to Black', el multipremiado disco que la catapultó a la fama y la consagró como artista.

Ya siendo mundialmente famosa, se reconcilió con Blake y se casaron en 2007. Los excesos se hicieron más constantes y grandes. Él la animó a probar el crack y la heroína. Ambos se hicieron adictos de inmediato. Ella tuvo varias sobredosis y casi muere en una de ellas.

Entraron a una clínica de rehabilitación pero nada funcionó y se siguieron drogando hasta que Blake fue enviado a prisión por golpear a un hombre. En ese tren de desenfreno, Amy desarrolló bulimia y comenzó a consumir más drogas duras. Canceló un año de gira y descuidó su carrera.

En 2009, después de una ola de acoso mediático y de presión de los fans por música nueva, Amy se dio un descanso y logró dejar las drogas por un tiempo, pero nunca pudo dejar el alcohol por completo. Presentó una demanda de divorcio e incluso se le relacionó con otras parejas como Josh Browman y Reg Traviss, con quien tuvo una relación amorosa hasta el día de su muerte.

Amy reconoció varias veces que “se enamoró de alguien y eso no le hizo nada bien”. El resultado es comprobable pues aunque ni a Blake ni a su propio padre se les puede culpar de su muerte, sí está en duda cuánto fue que ellos influyeron en el declive de su vida.