Giovanni, Nancy y Tania tres historias de dolor y rabia tras la caída del Metro

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La desesperación de sus familias por encontrarlos nos recuerda que las víctimas de este crimen no son una cifra

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El tronido de un fierro anunció la tragedia. Se cimbró la calle de Avenida Tláhuac a la altura de la estación Olivos y el tren del Metro de la Línea 12 se partió en dos para venirse abajo. Desde entonces, el dolor para propios y extraños ha sido profundo. La noche del lunes 3 de mayo ha sido eterna.

Dos días después del colapso, se han contado 61 personas hospitalizadas, 25 fallecidas y 23 desaparecidas. Parecen sólo números, pero los gritos de desesperación y el llamado de auxilio han hecho de este crimen un sufrimiento compartido particular, pues madres, padres, abuelas, primas y tías y cuñados de las víctimas no han dejado de nombrar a los suyos, recordándonos que la negligencia de las autoridades no termina.

Dos de los casos más emblemáticos han sido el de Brandon Giovanni, un niño de 13 años al que su mamá pasó más de 20 horas buscándolo sin descanso, y el de Nancy y Tania Lezama.

Tras la viralización de su agónica historia en voz de su madre y abuela, la noticia fatal llegó: Giovanni fue hallado muerto por personal de la Fiscalía de la CDMX. El pequeño se encontraba entre algunas otras víctimas sin identificar.

“Levanté el acta para su búsqueda y sí lo encontré, pero muerto, ya no va a regresar a casa, teníamos planes para el 10 de mayo, era mi todo, nada me lo va a regresar”, dijo Marisol Tapia, mamá de Giovanni, al anunciar que así terminaba la búsqueda de su hijo que se vio empañada por la mezquindad de algunos políticos que fueron a hacer campaña con su tragedia y por la falta de respuesta de las autoridades que alargaron su dolor al no darle acompañamiento ni informes de cómo y dónde buscar a su hijo.

Lamentablemente, para Marisol el dolor no termina , pues aún tiene que sepultar a su hijo y lidiar con que su pareja, Rigoberto Quiroz, está herido de gravedad e internado en el hospital Balbuena.

Para la familia Lezama Salgado las cosas no han sido muy distintas. Tras la noticia de la caída del Metro, doña Bernarda tuvo que salir a buscar a sus hijas, Nancy y Tania de 22 y 15 años, respectivamente.

En medio del caos del accidente, doña Bernarda pudo distinguir a su hija menor en una camilla y supo que la llevarían al hospital Tláhuac, desde donde después la trasladaron a Xoco pues tiene hemorragia interna y una fractura en la columna que requiere de operación y dos clavos, pero no la han podido operar porque tiene la hemorragia, hasta que la estabilicen y hasta que su familia pague el material quirúrgico que necesita.

Pero Nancy, la hija mayor no tuvo suerte y tras horas de búsqueda intensa por los hospitales y en redes sociales, fue encontrada sin vida en el Servicio Médico Forense (Semefo) de Iztapalapa.

Por ahora, a doña Bernarda se han acercado activistas para ofrecerle ayuda con los gastos médicos de su hija Tania, sin embargo su tragedia no acaba con la muerte y hospitalización de sus hijas, su proceso de dolor y desesperanza sigue frente al desinterés de las autoridades por las víctimas de este desastre que, a todas luces, se pudo prevenir.

Así como están las cosas, para muchas de las víctimas y sus familias seguirá siendo ese eterno lunes 3 de mayo. Seguiremos conociendo sus historias. Sobra decir que harán falta voces y fuerza para gritar exigiendo justicia y, sobre todo, para que una tragedia como esta no se vuelva a repetir nunca, porque nadie debe morir por querer volver a casa ni porque durante sexenios a los funcionarios se les ha olvidado cuidar de la gente pero no de sus bolsillos.