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La mexicana que creó el primer refugio para mujeres víctimas de violencia extrema

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Por más de 25 años, Margarita Guillé ha trabajado a favor de los derechos humanos de las mujeres; su lucha continúa en Latinoamérica y el mundo.

“¿Y para qué hablas a la radio? No me digas que ella se va a meter al cable del teléfono y te va a defender, ella no puede hacer nada”, esto fue lo que un hombre le dijo a su esposa mientras la violentaba; palabras que fueron emitidas en el programa conducido por María Margarita Guillé Tamayo, en el año de 1990 en Aguascalientes.

Un espacio en vivo, en el que las mujeres compartían sus historias de vida, la mayoría desgarradoras y llenas de violencia; cada emisión contaban con especialistas que las apoyaban a encontrar una posible solución a sus problemas.

“El marido estaba en ese momento golpeándola y ella nos llama en crisis y repite todas las groserías que él le estaba diciendo a ella al aire, me llamó mucho la atención porque estaba ya muy desesperada, pero yo también de cómo la podíamos ayudar”, recordó Margarita, “se cortó la llamada y me quede pensando, aparte me quede muy enojada porque me censuraron las llamadas a partir de ese momento, era un México en donde no se podían decir groserías”.

Dicha situación, la impactó tanto que, mientras era aún estudiante de la carrera Medios masivos de comunicación, decidió contribuir a la lucha contra la violencia de género y, junto con un grupo de colegas, creó la revista mensual "Mujer Contemporánea", la primera en la región en la que hablaban de temas tabúes para aquella época.

Un año después, en enero de 1996, Margarita abrió el primer refugio (en México y Latinoamérica) de protección para mujeres y sus familias que están viviendo violencia extrema.

“En 1999, empezamos a formar la Red Nacional de Refugios con cuatro refugios que había: uno en la Ciudad de México, que era de gobierno; una en Morelia que se llama Refugio Santa Fe; otro en Monterrey que se llama Alternativas Pacíficas y nosotras”, mencionó, “ya para el 2002, eran 17 refugios aproximadamente. Yo tomo la dirección de esta organización del 2005 al 2010, para cuando yo dejo la organización, habían 72 refugios en el país”.

Con el apoyo del Congreso del México, se logró en el 2002 que exista un fondo específico para los refugios que sigue activo hasta la fecha, sin embargo, Guillé menciona que con él, solo se cubre el 60 por ciento de los gastos de operación anual.

En el 2006, fundó la Red Interamericana de Refugios, Albergues y Centros para Mujeres (RIRE), la cual desde entonces coordina. En ese mismo año organizó el primer encuentro Interamericano de refugios para mujeres, en el que se reunieron alrededor de 17 países, lo que la llevó a formar en 2008 la Red Global de Refugios.

Los servicios que brinda un refugio, no solamente incluyen el dar techo a las víctimas, también se les da atención psicológica, médica y legal.

“Dan la atención integral a la familia y las ayudan a establecer cuáles son los objetivos que tienen para estar ahí resguardadas, es decir, quieren romper con esa relación, quieren que la violencia termine, quieren alejarse del agresor, quieren salir adelante y no volver a verlo, quieren que sea detenido, que se haga justicia, en fin”, explicó la periodista, “ellas establecen los objetivos con el tiempo, no el primer día, obviamente, se va trabajando de manera estructural e integral”.

Incluso, en varios refugios existe un área de empoderamiento, en el que las ayudan a cimentar un plan de vida, para cuando salgan de ahí, puedan utilizar esas herramientas y crecer como persona.

“Van pasando por distintas etapas: primero sanar las heridas, las evidencias, las violencias sexuales, en caso de tenerse, son las más inmediatas y todas las lesiones que pongan en peligro la vida. A partir de eso se empieza a trabajar, incluso en un plan de vida para cuando ya salgan del refugio porque son espacios temporales, mientras el riesgo está latente”, comentó.

La estancia promedio es de tres meses, muy intensos, en los que se busca cambiarles la vida, pero la experta explica que es un proceso paulatino.

“El crecimiento de una mujer es personal, nadie puede imponerle una agenda ni debe hacerlo; nadie puede decidir por ella, ella decide cuándo da los pasos y qué pasos va a dar en el proceso de recuperación, de víctima a lo que llamamos nosotras: sobreviviente de violencia”.

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, este 8 de marzo, se hará una marcha para exigir justicia ante los casos de feminicidios que han ido en incremento, Guillé considera que“es más que pertinente, urgente y necesario”, que como sociedad civil alcen la voz y tomen las calles.

“No es posible que cuatro niñas o niños sean desaparecidos o asesinados todos los días, es increíble o que 10 mujeres sean asesinadas todos los días, es impensable en un país que no está en guerra, es una democracia y está dentro de los 20 países o economías más importantes del mundo, es inaudito, no es aceptable”.

No solo son los feminicidios, Margarita menciona los múltiples tipos de violencia que día a día viven las mujeres.

“Hoy veo lo que se llama 'la cuarta ola', que es esta generación de mujeres jóvenes que salen a las calles a manifestarse y a protestar, hartas ya, cansadas de las violencias porque sus cuerpos lo están viviendo, porque tienen que cambiar su forma de vestir, cambiar sus horarios, sus rutas, las estrategias, cómo se van a divertir, está siendo acosadas en sus espacios de traslado, en sus espacios personales, en su celular, de las redes sociales, no puede ser”, sentenció.

El pasado 18 de febrero, el Congreso de la Ciudad de México le entregó la Medalla al Mérito por la Defensa de las Víctimas por su trayectoria en la defensa de las mujeres.

Pero para Margarita no fue nada sencillo iniciar con su labor, ya que considera que por muchos años su trabajo no fue tomado en serio, algo que ha ido a cambiado gracias a la visión de crear estrategias de incidencia y articulación institucional, tanto a nivel nacional como internacional.

“Sin duda es una satisfacción y se agradece que haya, después de 25 años o más de trabajo, un reconocimiento por parte de las instituciones”, afirmó, “Cuando yo inicié era una joven estudiante y solo para darte una expresión de cómo se devaluaba o no se consideraba en serio nuestra causa, hablaban de ‘Margarita Guillé y su casa de muñecas maltratadas’ como si fuera un juego lo que estábamos haciendo”.

A lo largo de los años, los grandes cambios en la historia de los derechos de la mujer se han logrado, precisamente, gracias a la lucha y aportación de mujeres que estaban hartas y que decidieron alzar la voz para exigir un trato más justo; desde conseguir el derecho a votar, hasta las manifestaciones para visivilizar las brechas salariales en el mundo, como menciona Margarita, muchas veces no se necesita tener años dedicándose a ser una activista para encontrar la forma de ayudar a generar un cambio.

Para Guillé, este reconocimiento no se trata de un premio, sino de un escalón más para lograr un cambio verdadero en la sociedad, "hacer visible este tipo de labor y para que vean que una ciudadana normal, común y corriente como yo, puede empezar a tratar de incidir y cambiar nuestra realidad con un granito de arena que puede impactar", finalizó.