Olimpia Coral, la mujer que arriesgó su propio cuerpo para que 'pasar el pack' sea un delito

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En esta entrega especial de 'Otros mundos posibles', contamos la historia de la mujer detrás de La Ley Olimpia

Cuando Olimpia se enteró de que había un video sexual de ella en Internet sintió algo que todavía no puede explicar pero que dice se acerca a un calor en el pecho que le quitó el aliento y un apretón de corazón tan fuerte, que el vacío de la garganta se extendió por todo su cuerpo hasta volverla chiquita y temerosa.

“Oye, fíjate que hay un video tuyo en Youtube”, le dijo la vecina que le mandó un mensaje y después le llamó para darle la noticia de viva voz. “¿Cómo que un video sexual, me pasas el link?”, fue lo único que atinó a responder.

Ese día no le pasaron el link, así que tras la sacudida en el cuerpo hubo esperanza de que era mentira. Seis meses después todo cambió. Una página de Facebook llamada “rólalas Huauchinango” fue la que comenzó su infierno con una publicación que incluso se atrevió a preguntar a sus seguidores si querían ver el video.

“Subieron mi foto de perfil donde yo estaba vestida de escaramuza, montada en un caballo, y escribieron: ‘¿Alguien quiere ver cómo monta de verdad? A los 500 likes subimos su video’”, recuerda. No hubo vuelta atrás, la pesadilla se hizo realidad a pesar de que Olimpia rogó y lloró porque no se subiera el video toda esa noche, hasta quedarse dormida; al despertar y revisar la página, el video ya existía y tenía más de dos mil likes.

“Lo bajaban y lo subían cada que la gente lo pedía. Escribían ‘oye, vuelve a subir el video de la gordibuena’, porque así me decían. Para ellos yo era eso: un cuerpo gordo. Mi nombre estaba definido así. La primera vez que lo vi, pensé: sí soy yo, es mi boca, es mi cara, es mi cuerpo. Sentí ganas de desaparecer, de morir”.

A partir de entonces no salió más de su casa, donde se encerró a ver cómo todo se ponía peor. La gente le escribía para insultarla. “¿Cuánto cobras?”, le insistían amenazantes los hombres que también le mandaban fotos de sus penes. Eso cuando no la hacían temblar de miedo al repetirle que sabían dónde vivía y que irían a violarla. “Incluso llegué a recibir mensajes de hombres que me pidieron tener sexo con perros. Me decían: ‘yo te ayudo a bajar el video pero grábate con un perro; mastúrbate para mí. O graba a tus hermanas, graba a tu mamá’”, cuenta con la voz quebrada por la digna rabia.

La recuperación ha sido un proceso largo. Todavía, después de todos estos años, hay cosas que llegan a decirle que la llenan de coraje y dolor. Pero algo es distinto: ahora sabe que nada de lo que pasó es su culpa.

El silencio no es una opción
Hace unas semanas, el 5 de noviembre de este 2020, Olimpia y un gran colectivo de mujeres vivieron el triunfo que tanto esperaban. El Senado de la República aprobó las reformas a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y del Código Penal Federal para sancionar la violencia digital, lo que significa que acosar, chantajear y difundir imágenes sexuales sin permiso en Internet ya puede ser castigado hasta con seis años de cárcel.

Aunque “este triunfo no es la panacea”, como dice Olimpia, sí sabe a gloria porque viene de un esfuerzo colectivo y sin privilegios que ha logrado cambiar el “¿Para qué te dejaste grabar?” por la obligación de reconocer que un acto virtual no consentido es violencia, mejor aún, tener la certeza de que se puede exigir justicia en voz alta.

Pero el espectáculo legislativo exige también la introspección, y ahí Olimpia Coral, insiste en que ya no es la misma porque no está sola, y que lo que hoy la impulsa es estar para otras mujeres, como las mujeres de su familia estuvieron para ella: “sin juicios y con los brazos abiertos”. Y no es una cuestión de ego, pues incluso reconoce que no dimensiona todavía el impacto que su lucha tiene sobre otras personas, eso sí, sabe que el impacto de su transformación sobre ella misma es un paso que no tiene regreso.

Le perdí el miedo a ser Olimpia. A ser yo misma, a tener esta cara, este cuerpo, estas piernas y esta vagina y todo lo que yo significo. Antes tuve mucho miedo porque mi rostro y mi cuerpo estaban ligados a un video sexual por el que me llamaban ‘Olimpia la gordibuena de Huauchinango’. Pero hoy no, hoy buscas mi nombre en cualquier plataforma digital y ese video quedó atrás, ya no existe, ahora es la Ley Olimpia. Y yo no lo escogí, yo no le puse ese nombre a la Ley Olimpia , y me daba mucho miedo porque pensaba: ‘cuando busquen mi nombre, van a encontrar mi video’. Y me daba un terror horrible. Pero gracias al movimiento feminista entendí que todo había cambiado para mí, incluso yo misma”.

La ambición de un mejor país no deja espacio a la ingenuidad, Olimpia insiste en no olvidar lo obvio: como que debemos tener consciencia de que para empezar, compartir la intimidad de las mujeres no es ni de cerca la mal llamada y prejuiciosa 'pornovenganza', es violencia pura sin justificación, porque, aunque la ley aplica para todas y todos, generalmente son los cuerpos femeninos los exhibidos; no son los cuerpos de ellos los expuestos en Internet en páginas de comercio sexual; no son sus cuerpos los irrespetados.

Y justo estas reformas son una invitación a pensarlo así, como lo que es: un delito, más que un deseo de buena voluntad o una varita mágica.

“Más allá de que ya no exista ‘el rey del pack’ con poder, sino un delincuente al que se le pueda denunciar y castigar, les diría a las mujeres que leen esto que si piensan ‘¡claro, ya hay Ley Olimpia, ya puedo hacer un pack, un video y no pasa nada porque la ley me protege!’, eso es una mentira. No es así, menos en un país tan patriarcal y machista que de muchas maneras ha demostrado que las mujeres no importan. Si a mí me preguntaran: Olimpia, ¿volverías a hacer sexting o un video con tu novio?, diría que no, definitivamente no porque siempre perdemos nosotras”.

La lección es clara: “Es más fácil subir la foto de una mujer, decirle prostituta y creerlo, que creer que un hombre es agresor”, dice Olimpia con toda su experiencia como certeza, la misma que también le ha enseñado que para las mujeres hay otras mujeres: las que rayan, las que rompen, las que legislan, las que abrazan, las que transforman y las que, como ella, ya no callan.

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Actualmente, Olimpia Coral Melo Cruz junto con un grupo diverso de mujeres conforman una colectiva feminista de acompañamiento en casos de violencia. Si necesitas asistencia, acompañamiento o información, puedes acercarte a través de defensorasdigitales.org y sus redes sociales.