Foto: Freestocks (Unsplash)

¿Qué significa fast fashion y por qué es un problema?

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Aquí te decimos cómo hacer una pequeña diferencia ante una situación de la que todos somos parte.

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El término fast fashion y su significado, tanto ético como económico, es uno de los más recurrentes de los últimos tiempos. Básicamente consiste en llevar las tendencias más recientes a la producción en masa y ofrecerlas al consumidor a un precio accesible.

Aunque como modelo de negocio el fast fashion sea sumamente exitoso —no por nada Amancio Ortega, dueño de Inditex, es uno de los hombres más ricos del mundo—, esta industria es bastante problemática. Con el objetivo de abaratar los costos de la ropa y acelerar su consumo, se pone en peligro al planeta, la salud de ciertos grupos poblacionales y hasta se atenta contra los derechos laborales de quienes trabajan para diferentes marcas.

En los inicios de la industria de la moda, lo primitivo de los procesos para crear ropa hacía que la gente conservara sus prendas prácticamente para siempre. Y aunque es genial que las máquinas de coser aceleraran la producción y bajaran los costos, hemos llegado a un extremo. A partir de la segunda mitad del siglo XX, y en especial desde los 90, las marcas buscaron cubrir la demanda de ropa estética, actual y accesible para la clase media a un ritmo acelerado.

De acuerdo con la autora Elizabeth Cline, esto comenzó cuando Zara comenzó a integrar nueva mercancía a sus tiendas dos veces por semana, mientras medio siglo antes solo había cuatro temporadas al año. Aparte, para la producción en masa no se usan materiales de la mejor calidad, mientras que se recurre a la mano de obra barata, a menudo en condiciones ilegales en países en vías de desarrollo. Solo basta recordar a las costureras que han muerto en CDMX en los sismos de 1985 y 2017.

Como se apunta en A New Textiles Economy, un reporte de la Fundación Ellen MacArthur, la producción de ropa se duplicó de 50 mil a 100 mil millones de prendas entre el 2000 y el 2015. Esto se logra porque la industria del fast fashion puede ofrecernos ropa que compramos sin problema alguno. Aparte, al lanzar diseños nuevos constantemente hace que la gente sienta que debe “actualizar” su guardarropa pronto; y si no es así da igual, ya que la ropa no dura suficiente y uno busca reemplazarla (hay prendas que no se usan ni 10 veces antes de terminar en la basura).

Una solución personal contra el fast fashion

La mayoría de las personas tenemos ropa de H&M o Shein, algo que nos convierte en parte del problema ante la industria del fast fashion, que también se traduce en problemas ambientales y sanitarios —no te pierdas The True Cost, documental de Andrew Morgan lanzado en el 2015—. Esto no significa que debamos lamentar nuestra existencia, sino poner manos a la obra. Si hacemos pequeños cambios cada día podemos alentar el ritmo de consumo de este tipo de prendas y ayudar al planeta:

  • Restablece prendas con hoyos y botones faltantes. Recuperemos la bonita costumbre de coser, aunque ir al centro comercial por una prenda similar no nos cueste “nada”.
  • Recicla ropa vieja y úsala como trapos para limpiar o acude a centros de reciclaje textil con lo que ya no quieras. La ropa que todavía tienes, úsala hasta que se acabe.
  • Dona prendas específicas a causas y personas seleccionadas: recuerda que gran parte de la ropa donada “en masa” también termina en la basura.
  • Haz negocio: con las redes sociales y el internet tenemos infinidad de opciones para deshacernos de las prendas en buen estado que ya no usamos mientras recuperamos un poquito de su costo.
  • Compra ropa cuyo costo contemple un pago digno a los trabajadores de la marca y te prometa calidad y duración. Es mejor tener buena ropa que mucha ropa. Cuando vayas de shopping —sea de marcas fast fashion o no— piensa más de dos veces si de verdad necesitas esa prenda en tu clóset.