PAOLA HIDALGO/NOTIMEX

Fátima: el caso que nos dice que ante la ausencia de justicia debemos cuidar más a nuestras hijas

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¿Qué podemos hacer para evitar tragedias? ¿Debemos resignarnos a ser una sociedad donde roban, violan y matan niñas?

Fátima desapareció el 11 de febrero. Ese martes, ella fue a la primaria como todos los días pero no volvió a casa. A las seis de la tarde, hora de la salida, una persona desconocida se la llevó. En su escuela no hay mecanismos de seguridad que verifiquen quién recoge a los niños después de clases.

A pesar de que su familia la reportó como desaparecida y se activó una Alerta Amber para encontrarla, las autoridades actuaron tarde. Cinco días después, su pequeño cuerpo fue hallado dentro de una bolsa negra de plástico. Fátima había sido asesinada , descuartizada y tirada en una construcción de la colonia Los Reyes Atotolco en Tláhuac.

Tras la sórdida noticia, ni las especulaciones ni la creación de culpables ha parado. Incluso Ernestina Godoy, Fiscal General de Justicia de la Ciudad de México, hizo su aparición en algunos medios matutinos donde confirmó que existía el cadáver de una menor embolsado, pero que no se sabía si éste correspondía a Fátima.

Lo que sí dejó muy claro es que “la mamá está enferma, trae una enfermedad mental y su papá igual, tiene demencia senil”. Y con esas declaraciones, la autoridad repitió uno de los errores más comunes en estos casos: culpar a los padres.

Ante la presión social y mediática, en pocos minutos y sin saber si se trataba de la menor que buscaban, la fiscal señaló a quienes consideró los posibles responsables: familia y maestras. Y no es la única, ni la primera vez. En general, sobre los menores desaparecidos hay una tendencia a culpar a la familia por desatención, sin considerar que de las desapariciones los únicos culpables son los captores, y de los asesinatos, los asesinos. Y que los responsables de resolverlo son las autoridades.

México: país de feminicidas...
Para este caso, de inmediato se ofrecieron 2 millones de pesos como recompensa a quien ayudara a detener a quien se llevó a Fátima. Se hizo un retrato hablado y la imagen se hizo viral y sigue circulando en espera de que alguien dé datos que sirvan a la investigación.

Del caso de Fátima hay algo claro: fue un feminicidio . Y los feminicidios de niñas en México han aumentado. De 2015 a 2019 casi se duplicaron, pasaron de 50 a 98, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Los números son devastadores: de enero de 2015 a diciembre de 2019 suman 356. Lo que significa que en promedio hay 71 casos al año, o sea uno cada cinco días.

La tragedia de Fátima viene a colmar un terrible dolor generalizado que se inserta en una de las olas más violentas para las mujeres y niñas en México. Porque los datos (y las apreciaciones de las autoridades) también dicen que la desgracia para nosotras no tiene tregua ni fecha de caducidad.

¿Qué hacer?
Mientras las instituciones fallan, los funcionarios se deslindan y los culpables quedan impunes, proteger a niñas (y niños) de la violencia es una tarea profunda, compleja y de todos.
Bajo este entendido, aquí se enlistan algunos tips que tristemente debes poner en práctica y enseñar a tus hijas (e hijos) para evitar más tragedias:

Para las más pequeñas:
1. No estar solas en la calle.
2. Saber su nombre completo y el número de teléfono de papá, mamá o alguien de confianza.
3. Gritar ante cualquier señal de peligro.
4. Tener una palabra clave (y secreta) con su familia para usarla en caso de emergencia.
5. No dar datos personales en redes sociales o a desconocidos.




Los que debes poner en práctica como adulto:
1. Estar siempre atento de dónde y con quién están.
2. Retratarlos por lo menos cada seis meses y conservar sus huellas digitales en un papel blanco. 3. Tejer redes de cuidado con otros adultos de confianza.
4. Tener a la mano nombres y teléfonos de los amigos de sus amigos, además de los de sus padres.


Lo ideal (y necesario) es implementar medidas que cambien la manera en cómo protegemos a las niñas: la abolición del machismo y la crianza compartida (comunitaria) son buenos principios.

Suena lejano, pero lo cierto es que mientras el primero parece no tener fin, la segunda se ha practicado desde las tribus africanas, en Japón (caso Tokio: donde los menores van y vuelven solos de la escuela, tienen códigos de colores en los uniformes y vías seguras para transitar, además del cuidado de todos los adultos en la calle) y hasta en algunas comunidades horizontales indígenas en México.

La crianza compartida (o comunitaria) es concreta y significa que la crianza de las y los niños corresponde a todas y todos los adultos de una comunidad. Es decir, va más allá de las capacidades y limitaciones de los padres biológicos o del núcleo familiar primario.

Sílvia Blanch en ¿A criar hijos se aprende? , lo explica bien: “las necesidades de los menores como: afecto, respeto, juego, seguridad, participación, autonomía y descanso deben ser proveídas por todas y cada una de las personas de una comunidad”.

Aunque ninguna prevención está de más bajo el contexto actual del país, María Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional Contra el Feminicidio , nos recuerda que "no hay que olvidar que las autoridades tienen la obligación de implementar políticas de prevención del delito. No basta con repartir trípticos, sino que ellos tienen que analizar cada caso y generar mecanismos que prevengan y eviten los feminicidios".

Como adultos estamos rebasados por la violencia. Y que México ostente el primer lugar entre los países de la OCDE con más casos de abuso sexual, maltrato y pornografía infantil de menores, no es casualidad, sino síntoma de un país marcado por graves problemas estructurales como el machismo, la violencia, la impunidad y negligencia de las autoridades y las grandes desigualdades sociales y económicas.

Entonces la pregunta no es ociosa: ¿debemos resignarnos a ser una sociedad donde roban, violan y matan niñas?

La respuesta podría ser obvia. Pero al parecer todavía no lo es. Lo que sí es que, como sociedad, por ahora, esto somos.