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Mira, esto no es un balneario, o le metes velocidad a tu chamba o de plano me busco una mesera que sí tenga experiencia. Sí, señor, usted sabe que necesito mucho el trabajo.
Pues no se nota, hijita. Dos guisados de carne, muy bien.
Hola, señorita. Ya ahí voy.
Es que tenemos horas esperando, no nos atiende nadie. Un momentito, por favor, ya voy.
Bueno, pero ¿qué nos está ocurriendo? Sí, señor, pero es que estaba atendiendo a los señores.
Que nada, apúrate, mamacita, por favor. Sí, señor, con permiso.
A ver, vete a atenderlo yo, yo me quedo con ellos. A ver, váyanse, por favor.
¿qué procedes? ¿qué les voy a hacer?
¿qué les voy a hacer? Dos guisados de carne, dos órdenes de arroz y una orden de papas fritas.
Una orden de fideos secos, unas pechugas asadas y una orden de frijoles. A ver, mamacita, ven acá.
Mira, esto no es un balneario, ¿eh? O le metes velocidad a tu chamba o de plano me busco una mesera que sí tenga experiencia.
Sí, señor, usted sabe que necesito mucho el trabajo. Pues no se nota, hijita.
Así que a cuidar la chamba, ¿sí? Como están las cosas en este país, hay mucha gente con mucha necesidad de trabajar.
Sí, señor, por favor, le prometo que voy a hacer mi mejor esfuerzo. Pues más te vale, mi hijita.
Ándale, ándale, mi reina. Vete a trabajar.
¡pero ya! ¡te pasen con esa orden!
Sí, señor, ya voy. Dígame, señor.
A ver, toma. Esto es lo que te corresponde de las propinas.
¿qué? No, es que...
¿es que qué? Es que como hoy vino gente todo el día, pensé que...
Que te iba a tocar más dinero de propina, ¿no? Ah, perdón, mi reina.
Hay que repartir este dinero entre todo el personal y déjame que te diga que de todos eres la que menos trabaja. Así que dale, gracias a dios que estás bien servida con eso.
Ándale. Pues, gracias, pero tengo que pedirle un favor muy grande.
No, ya sabes que aquí no se le presta dinero a nadie. Es que mi mamá está muy enferma y tengo que comprarle las medicinas.
Bueno, pues que no me oyes. Que no me aviso, que aquí no se le presta dinero a nadie.
Ándale, a trabajar ya. Adiós.
Sí, gracias. Ya llegué.
¿cómo te sientes, mamita? Mal.
Pude traerte tu medicina. Ay, no te preocupes, mi vida.
Pero cómo no me voy a preocupar, mamá. No soporto verte así.
Bueno, hija, pero ya sabemos que estas cosas pasan después de la quimioterapia. Sí, mamá, pero me da mucho coraje no poder comprarte tus medicinas.
Ya te dije que no te preocupes. Ya se me va a pasar.
Ya verás, hija. Nada, mamá, nada.
¿qué estás llorando? De tener que soportar a mi jefe.
¿qué te hizo ahora? Yo de las propinas que me tocaban, yo te juro que por lo menos entraron 500 pesos en propinas en todo el día.
¿y por qué te dio tan poquito? No lo sé.
Yo creo que se la pasa gritando, me maltrata. Ya no llores, hija.
Mira, no vale la pena. No, mamá.
Al final del día no voy a... Mi vida, te entiendo, pero las cosas están muy difíciles.
Hay que aguantar todas esas cosas. Lo que más me puede es que ni siquiera tengo el dinero para comprarte tus medicinas.
Me da mucho coraje. Bueno, bueno, hija, ya, ya.
Tú sabes que las medicinas me ayudan, pero no me van a quitar el cáncer. El cáncer se te quitaría si tuviéramos que seguir con la quimioterapia.
Pero, pero tampoco eso. En tu restaurante ni siquiera tengo seguro social.
Ay, hija. Ya ves, me gusta que te preocupes por mí.
No, mamá, ¿cómo no me voy a preocupar por ti? Eres lo único que tengo, mamá.
Daría mi vida por curarte, por verte sana. Hija, hija.