Foto: Julieta Bugacoff

¡Sin masturbación no hay revolución!: Esta escritora quiere que el cambio empiece en la cama

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María del Mar Ramón afirma que si las mujeres tuviéramos sexo con hombres sólo por la promesa de acabar, hace mucho que no tendríamos sexo con ellos

La masturbación no siempre fue a escondidas ni de gente "cochina" como se nos ha hecho creer en los siglos recientes. La historia de la humanidad está llena de pequeños instantes de autocomplacencia, como Lisístrata, la heroína de la literatura griega que hace casi dos mil quinientos años ya se quejaba de la escasez de dildos, o las reinas egipcias a las que hace más de cuatro mil años ya se les enterraba con ropa, peines y falos para pasar una eternidad de placer; nada fuera de lo común si pensamos que su dios Apsu, quien nació del primer océano, se creó a sí mismo y a la Vía Láctea de una masturbarción, saliva y lágrimas.

Hoy no hay tumbas faraónicas llenas de dildos o heroínas del sexo, pero la escritora María del Mar Ramón quiere volver a ese principio que nunca debió perderse: que las mujeres sean dueñas de su propia sexualidad y se masturben sin prejuicios. Y para alcanzar ese propósito hace unos meses estrenó su libro Coger y comer sin culpa.

María del Mar trabaja temas feministas desde hace algunos años. Es colombiana pero fundó una organización feminista en Argentina, donde vive hace casi una década. Ahora forma parte de las Viejas Verdes , colectivo con el que le entró a temas como la legalización del aborto y, en la tarea de escribir como feminista, es columnista para distintos medios en español, y sus temas van sobre el derecho al placer, cómo afrontar la vigilancia sobre la comida y el cuerpo femenino y cómo hacer que la culpa y la censura desaparezcan. Hablamos con ella:

¿El orgasmo importa?
A mí me parece fundamental el orgasmo. Pero es necesario deshacernos de la idea de que es obligatorio o el único fin de las relaciones sexuales. También habría que salir de la idea de que el sexo heterosexual sólo existe a través de la penetración.

Es muy chistoso, y muy cruel, que aún hoy los hombres se sientan amenazados por el placer de las mujeres. Y que una mujer que se masturba los intimide. Porque que una mujer pueda tener placer es fantástico. Y habría que entender que el sexo no existe sólo para tener placer, sino para darlo. La reciprocidad es lo más interesante en las relaciones.

¿Es posible una revolución sexual para las mujeres, aunque aún hoy muchos se ofenden por juguetes sexuales como el satisfyer que no se parece en nada a un pene?

El satisfyer es un instrumento muy curioso. Primero porque es muy eficiente, y segundo porque obliga a muchas mujeres a aislar el clítoris del resto de su vulva, y eso implica que aquellas que antes no sabían donde estaba su clítoris, ahora tengan que tocarlo; incluso más allá de la falsa y horrible idea con la que lo vendieron: como un juguete succionador de clítoris. Porque succionar el clítoris es terrible (risas), ¡imagínate!, tiene miles de terminaciones nerviosas y es muy sensible, y si lo succionas duele.

Y pensando en esto, es obvio que las mujeres están felices con algo que está hecho para estimular su clítoris porque, aún en estos días, nuestros juguetes sexuales están basados sólo en la penetración, con dildos que replican vergas enormes e irreales.

Lo más curioso del satisfyer es que pone en jaque la sexualidad de los hombres, no sólo porque reta su masculinidad al hacer terminar a las mujeres rápido, sino porque ha propiciado que los hombres quieran imitar al juguete, algunos muy mal, por cierto. Pero incluso ahí se repite la idea errónea de que las relaciones sexuales forzosamente tienen que llevar al orgasmo. Acabar, acabar. Y no, si las mujeres tuvieramos sexo con hombres solo por la promesa de acabar, hace mucho que no cogeríamos con ellos.

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¿Y ya que no se trata de acabar, qué esperar entonces de las relaciones sexuales?
Más allá de la masturbación, lo que me planteo en Coger y comer sin culpa es tratar de que nuestras relaciones sexuales como mujeres heterocisexuales —mujeres que se identifican con su sexo y género y les gustan los hombres— sean más placenteras y menos por el deber de complacerlos a ellos.

No me interesa tirar máximas con el libro, no se trata de hacer un consultorio, porque tener vidas sexuales placenteras y consentidas es difícil en el sistema patriarcal. Pero me aferro a la masturbación para sacarla del ámbito privado y secreto de la vida de las mujeres. Tenemos que hablar de masturbarnos, porque si eso ayuda a que las mujeres, que tenemos sexo con hombres, podamoss construir relaciones más placenteras y menos violentas, está bien.

Me gusta la idea de masturbarse como otra forma de relacionarse con el cuerpo y con otres. Como una manera de tirar el libreto ensayado del sexo de siempre: la erección, la penetración y la eyaculación, eso que se supone que es lo único que nos puede pasar a las mujeres en el placer.

Si dices que todo el placer femenino desafía, entonces ¿hay placeres correctos que ya no sorprenden a nadie?
Sin moralizar el deseo, es preciso decir que la vida de las mujeres ha estado asociada al deber. O sea que pensar en si queremos ser madres o no, si queremos hacer dieta o no, si nos queremos depilar o no, es ya un paso adelante de lo que nos han dicho que tenemos que hacer.

Aunque hay deseos más subversivos que otros, sí. Y aquí me gusta poner el ejemplo de la heterosexualidad: El problema de la heterosexualidad no es que existan personas heterosexuales, el problema es que la norma sea ser heterosexual.

Pero eso sí, las heterosexuales debemos pensar que nuestra sexualidad está atravesada históricamente por la violencia, el sometimiento, la expectativa de agradar y un montón de obligaciones sobre el amor romántico y la concreción de un proyecto de vida establecido; porque si no haces lo que dice la norma, te mueres sola. Las mujeres tendríamos que acabar con el mandato de la maternidad y la familia.

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¿Además de pensar la sexualidad, es posible algún tipo de “activismo desde la cama”?
No creo que hablar de la sexualidad como un hecho emancipatorio y feminista sea decirle a las mujeres ve y cógete a todos los tipos que quieras, más bien el asunto está en cuestionar si cogértelos en los términos en los que te los coges es libre y sano.

¿Hay una sexualidad ideal y alguna vez la encontraremos?
No. Y ojalá no la encontremos. Pero pensándolo desde esta perspectiva del placer, la única sexualidad ideal es la sexualidad consentida. Entendiendo el consentimiento con todas las problemáticas que implica, poniendo atención en todas las negociaciones y los deseos.

Lo que quiero decir es que no hay besos en lugar de latigazos y eso es ideal. Dentro del consentimiento es algo con lo que se puede jugar. Creo que la idea de pensar que la sexualidad puede ser sólo de una manera es sumamente peligrosa porque nos lleva al punto de partida que nos devuelve a pensar que la (buena) sexualidad es heterosexual, cisgénero y reproductiva. Y no. La sexualidad sólo debe ser libre y placentera.