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Veo lo que he llegado por amor a ti. No me culpes de tus actos malvados.
Es poco lo que voy a decirte. ¿no quieres agua o café?
Bueno, no tomas café, pero... ¿te hago un agua de limón?
No, no, no. No quiero nada.
Escúchame. Ya sé qué me quieres decir.
Bueno, entonces deja de buscarme, de perseguirme y de hacer tantas llamadas telefónicas a mi casa. No puedes ser tan cruel.
Has cambiado mucho. Consuelo, entiende, tú y yo no podemos ser pareja.
¿por qué? ¿por tu maldita religión, esa secta que te separó de mí?
Son mis creencias y respétalas. También mi fe me hace ver mucho más claro qué tipo de mujer deseo como esposa.
Lo que te ordenen ellos, ¿no? Una tipa mojigata que no te conozca en la cama y que se la pase leyendo la biblia para que...
¡evada la red! Quiero casarme con una mujer a la que ame.
¿y por qué no me amas a mí? Tu patético jehová te lo impide a quien soy.
Jehová está por encima de esto. A ti no te amo porque me desagrada tu forma de ser, porque hasta tu olor me fastidia.
¿entiende? No te quiero, eso es todo.
Antes me dejaba arrastrar por mis instintos animales, por tus provocaciones, pero ahora mi fe me da templanza. Si me dejas, te vas a arrepentir, mauro.
Que jehová te ilumine, mujer. Vamos a seguir.
Bermúdez, gemile. Solo una vez en la vida he oído este nombre.
Bermúdez. A ver, niña, a ver.
¿conoces a un muchacho que se llama mauro bermúdez? Porque él tenía una sobrina que se llama como tú.
¿lo conoces? Es mi tío mauro.
Salgan a fumar, por favor, en orden, con respeto. Rápido, vamos.
Es una orden. Aquí todos saludan a la bandera, ¿eh?
Nadie va a meter desorden en mi grupo. ¡presongas!
¡prendas! No vas a tener respeto por los símbolos patrios.
Le dijiste que sí respetamos a la bandera, pero que no rendimos honores a nadie más que a nuestro padre dios. Pero no pude explicarle nada.
Pero la niña se podía haber quedado en el salón, guardado un silencio respetuoso mientras los demás hacían los honores a la bandera. Exageraron en expulsarla.
La maestra se encarnizó con mi hija. La castigaba a cada momento.
Prohibía a los demás niños que hablaran con ella. Es que eso es marginación.
Es discriminación religiosa. Todos tenemos derecho a tener la fe que nos salve.
Es un derecho. En esta escuela violan los derechos humanos a cada momento, amor.
Pues no... Pues no callaremos.
Ahora la resignación no ayuda. Es cuestión de defender.
No, no, ¿qué digo de defender? De exigir nuestros derechos.
No cumplimos con la obligación ciudadana de saludar a la bandera, amor. Nuestra obligación mayor es con dios.
Nuestro señor. Así que vamos a luchar por un poco de respeto.
Respeto a nuestra fe. Maestras.
Buenos días. Por favor, siéntense.
Sí, señor. Soy el comisionado de este litigio sobre la violación de los derechos humanos de la menor aquí presente.
Bueno, yo, este, perdone, comisionado. Yo creo que todo esto no puede llegar a nada.
Mire, es tan fácil como reintegrar a la niña a otra escuela. Porque hay tantas escuelas, ¿verdad?
Que no veo la necesidad de que la alumna esté en nuestro plantel. Maestras, una pregunta.
Es una cuestión de equidad y de justicia. En este tiempo hemos recibido más de mil quejas de testigos de jehová cuyos hijos menores han sido expulsados de sus escuelas.
Bueno, pues eso nos da cierta razón porque hay un reglamento en los planteles que debe ser acatado. El reglamento local no tiene por qué violar los derechos humanos de nadie.
Ay, pero qué derechos. Esto es absurdo.
Mire, le diré cuáles derechos violó usted, maestra. Por favor.
Si me permite. En la declaración universal de los derechos humanos, en el artículo 12, dice...
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta declaración sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional, social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Bueno, sí.
Pero permítame... Permítame.
En el artículo 18, dice... Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, así como de manifestar su religión o su creencia, individual o colectiva, tanto en público como en privado.
Mire, la escuela es laica y la libertad tiene un límite, ¿o no? Creo que usted no conoce la declaración de los derechos humanos, profesora.
Ay, por favor. Claro que los conozco.
No, creo que no, porque en el artículo 26, inciso 2, se dice... Escúchelo bien, señorita.
La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales. Favorecerá la comprensión y la tolerancia entre todos, así sean grupos étnicos y religiosos diversos.
¿entendió usted, señorita? Ay...
Pues sí, claro que entendimos. Todo esto es muy penoso.
Vamos a ver cómo podemos solucionarlo, porque yo quisiera que este conflicto no creciera. Maestras, ustedes tienen ya un primer llamado de esta comisión para que se respeten los derechos de la menor, que debe ser restablecida en el plantel.
Y por obvias razones, es justa una petición de disculpas a la menor y a los padres. Sí, claro.
Pues todo ha sido una confusión. Se va a cerrar.
Vamos a hacer lo necesario para resarcir el daño, pero que esto no trascienda más, por favor, señores. Yo no voy a pedir ninguna disculpa a estos fanáticos.
Aquí se mina mi autoridad como maestra. Mire, señorita consuelo, ¿actúa usted con prudencia y reconoce su error o se va de mi escuela?
Pues me largo. Muy insensible a esto.
Yo lo lamento muchísimo, de verdad. Sí.
Ya sé que es patria. Ah, ¿sí?
¿y qué es? Es el respeto al derecho ajeno, ¿verdad?
Claro. Vea lo que he llegado por amor.
No me culpes de tus actos malvados. Me orillaste con tu desprecio.
Yo te amaba. Ni a tu profesión de maestra, ni a tus alumnos, ni a tu bandera, ni a tu dios.
No te amas a ti misma. Y, por favor, aléjate de mí.