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Yo siento muy feo porque una madre, una madre para un mamá electrónico se le va, ¿ya? Tranquila.
No, ya no hay nada. Cuando tengas tiempo te acuerdes que tienes madre.
Exacto. Aquí estoy yo, total, no me debes nada.
Lo único que te he dado es la vida. Yo fui bailarina exótica.
A ver. También.
Además de modelo. Y baile.
¿qué no has hecho? A ver, ¿de qué edad empezaste?
Bueno, toda la vida anduve... ¿y con qué personaje?
Toda la vida anduve en teatros porque vengo de papá y mamá actores. Entonces, yo vivía, me la pasaba la mitad del tiempo ahí en los teatros.
Me ponía los de tramoya un columpio y ahí pasaba muchas horas. Entonces, después lo traigo ya de familia.
Oye, qué rica está tu bebida. Está muy buena, ¿eh?
Me encanta. Muchas gracias, said.
Y entonces, bueno, estudié la carrera de literatura dramática y teatro en la unam. Salí a buscar trabajo.
No encontré. Bueno, más bien, no quedaba en los castings y hasta que me descubro en la comedia.
Entonces, se me abrieron las puertas de la comedia. Después viene la televisión, pero primero yo me fogué en las peñas.
¿la pasaste difícil en las peñas? Muy...
¿qué fue lo peor que te pasó? O sea, de las cosas más...
Que a veces dice uno, ya no me vuelvo a subir al escenario. Sí, ya lo he contado.
Cuando uno de los personajes no me salía muy bien. No, más bien, no me salía nada.
Era el de la fulanita de tal en el bar guau. Y el público me chifló y me bajó del escenario.
¿del escenario? Ay, es que qué cruel.
Sí. Con la comedia la gente puede llegar...
Pero un día... ¿y con eso realmente se aprende o con eso realmente te traumas?
Claro. No, una de dos.
Sí. Una de dos.
O te entra el pánico escénico y nunca te vuelves a subir, como lo vi con muchos compañeros. Y en mi caso, tuve un padre que siempre me enseñó la resiliencia, ¿no?
Recupérate, tienes 24 horas y mañana tienes show otra vez. Así que...
A la antigüita, como que, órale, no pasa nada. Y de ahí a la tele, que no es tampoco nada fácil.
Sí, también luego vino la etapa de la tele. Pero la verdad fue muchísimo más difícil el cabaret.
¿cuál fue tu primer personaje, el que tú creaste y el que tú empezaste a escribir? Fue maría de todos los ángeles.
Pero no se llamaba maría de todos los ángeles. Era la manita.
Y la hacía ahí en cabaret. Y entonces, este, hacía una rutina.
Y ya después dije, va, bueno, esto va a ser una serie, va a ser maría de todos los ángeles. Y a doña lucha.
Y ahí salieron todos los personajes. Sí, pero una vez...
Pero la verdad le tenemos un cariño muy especial a doña lucha. Especial a doña lucha.
Yo lo sé. Nos recuerda tanto a nuestras mamás, ¿verdad?
¿por qué será, verdad? Ay, porque es una belleza.
O sea, ¿quién mejor que doña lucha representa a todas las mamás mexicanas? Yo misma me estoy convirtiendo ya en una doña lucha.
¿sí? ¿te das cuenta?
Sí, porque ya de pronto estoy así muy relajada con las manitas aquí encima de la panza. Y el otro día me quedé dormida con la suegra de mi hijo.
Y estaba dormida con papada así. Me tomé una fotografía, mi hijo, con la abuelita.
Y yo así dormida, así. Ya en una reunión familiar, imagínate.
Sí. Con tu hijo ya.
Uno tiene 23 y el otro tiene 19. El día 19 fue el que me tomó la foto allá con su hijo.
Con la abuelita de su novia. Me choca que te tomen las fotos dormida.
Oigan, pues muchas gracias por invitarme. Y como les decía, si ya me recuperé para estar en los escenarios así, a pesar de que me bajaran cuando empecé en la comedia, pues dije, ahora, ¿qué puede pasar si me aviso a cantar?
Sí, sí, ahora, porque siempre te ha gustado cantar. Claro.
Pero ahí haces el talento escondido. Sí, era un contrato que yo tenía pendiente con la vida.
Y es algo que les quiero recomendar. Miren, a esta edad se pueden empezar los sueños.
O sea... Nunca es tarde.
Nunca es tarde, señoras. Si tiene por ahí, señores, algún sueño, algún pendiente, llévenlo a cabo.
Doña lucha, ¿pero qué le hice yo? Doña lucha, yo la quiero mucho.
A todas las tandas que usted organiza, yo compro un boletito. Tú eres el que me anda sonsacando al albertano y por eso ya no vive en mi casa, porque te lo llevaste.
Sí, es cierto. Mala compañía.
Señoras, cuiden a sus hijos de gente como este muchacho y como el carehuevo, que nomás sonsacan a los hijos. El carehuevo.
Siéntese, doña lucha, por favor. Gracias.
Doña lucha, ¿y por qué timbra? Qué decente, si siempre se mete como casa por su casa.
Bueno, pues es que quería... Quería estrenar el timbre.
Ya vino. Ya está muy bien.
Ya alcanzó el timbre. Ya, no.
Oiga, doña lucha, yo no tenía el gusto así de verla tan cerquita. ¿todavía tiene sus cachos buenos, doña lucha?
Sí, sí, sí. Hombre.
Ay, perdón. No, pero sí.
No, no, no. Fíjense que cuando yo era joven, era muy acuerpada.
Mari lómez y yo, miren, teníamos así una cinturita de avispo. ¿quién, quién?
Ahorita ya la tengo. Ahorita la tengo de panal, ¿verdad?
De obispo. Pero éramos muy acuerpadas.
Así. Uy, nos formábamos ahí.
Todas las señoras nos barrían de arriba abajo. Tenían mucha envidia.
De lo acuerpada. De lo acuerpada.
¿y los señores? Parábamos el tránsito, hijo.
Parábamos el tránsito. Oye, qué bonito lo que estás hablando.
Muchas gracias. Ya te oí.
Oiga, y la vi en un video de la mara escalante que está cantando. Ah, sí, es que me contrató de modelo.
Por cierto, no me ha pagado lo del video. Es cierto que usted patrocinó el video.
Y gracias a mí ese video va a tener más visitas. Y eso no me lo paga, fíjate.
Entonces, yo aparecí en ese video porque soy modelo. Ah.
He tenido la experiencia de ser modelo también. Por lo acuerpada.
Lo acuerpada. Sí, sí, sí.
Lo acuerpada. Y sobre todo por una razón.
Deja tú lo acuerpada. Yo sé que últimamente he perdido mi figura.
Aunque ya estoy en los aerobics. ¿qué?
¿cómo me ven? Bien.
Muy bien. ¿cuál es el ejercicio que más cree que los aerobics le han dado resultado?
Este de acá. Así.
Y el de este. Para el salero.
Oiga. Este.
Ahí voy. ¿y está haciendo alguna dieta, doña lucha?
La del keto. ¿cuál es?
¿qué te importa, tío? Déjame hablar.
El caso es que yo tengo mucha experiencia como modelo. Me pueden contratar porque aparte de las tandas y de los jueves de tinga también me contrato como modelo porque tengo mucha experiencia.
No como las señoritas de ahora que creen que nada más por estar flacas ya son modelos. No, señoritas.
En mi época sabíamos muchas poses. Por ejemplo, la modelo de auto era así, que azul chiclamino.
Hay que saberse deslizar en el auto de esta manera. Ah, sí, sí.
De esta manera. Y luego.
Y daba igual si tenía piel en el coche o si era de velour. Exactamente.
O se atoraba más cuando había piel. No, no.
Eso rechina mucho. Hay que saber.
Entonces, si pone uno talco en ese momento. ¿para qué?
Ya resbala. Ah, guau.
Y la levantada no es como chancha. No.
¿cómo es? Tiene que ser de esta manera.
Luego, por ejemplo, también está la de desayuno dominical. ¿cuál es?
Se hace uno así para que se le resalte así como de chicharrón prensado. El busto.
Ese es el desayuno dominical. Trompa abundante.
Ajá. Y mucho contenido.
Bien. Y bueno, pues estaba yo ahorita.
Dije, pues ya ven que sí soy modelo. Sí.
Entonces, yo quiero que mar escalante me deje hacer los coros para su disco de corazón de barro. ¿dónde va a cantar?
¿usted sabe? Yo canté en el coro de la iglesia, nuestra señora de la merced, que está ahí en la colonia espartaco.
Ah, pues sí. De hecho, sí.
Y yo tenía muy bonita mi voz, muy timbrada. Soy justamente la que más hace el vibrato.
Por ejemplo, así. En la arena, he dejado mi barca.
Monserrat, es su mismo color de voz. Monserrat, por favor.
Te unemos la voz. Junto a ti.
De otro mar. De otro mar.
Muy vibrato, muy bonito. Yo podríamos ser las chicas del coro.
¿verdad? Sí.
Sí. ¿podemos?
Sí. ¿te gustaría?
¿podemos audicionar? Sí.
Vamos. Le decimos a mar escalante que nos deje hacer sus coros.
Entonces, va a estar ahí en... Pues es lo que pretendo, pero se me anda escondiendo.
No sé por qué. La moza se lleva bien con ella.
Ajá. Sí.
Yo voy a hablar con ella cuando la vea. Ya verás.
Yo estoy aquí como fan viendo aquí a doña lucha. Ay, ¿verdad?
Tú también podrías... Mira, sinceramente.
Sí. Ese videoclip de corazón de barro donde nos subimos a un pecero, te voy a ser sincera.
Sí te íbamos a hablar a ti con tu pecero. Y luego, ¿qué pasó, doña lucha?
Pero estoy muy molesta por lo que te digo de mi hijo. Ay, no vaya a ponerse sensible.
Déjela que hable. Porque yo, yo nunca me imaginé que te fueras a llevar a mi hijo albertano.
Espérese, doña lucha. Sí.
Entonces, yo, yo siento, yo siento muy feo porque una madre, una madre, para una madre que un hijo se le vaya... Ya, ya.
Tranquila. Doña lucha.
No, no. Amigo, pues...
¿por qué te llevaste a albertano? Ya, ya, ya.
Yo siento muy feo. Ya no lo volvió a ver.
Este discurso. No, o sea, me fue tan, tan, tan bien que estaba en la casa.
Le digo, hijo, ¿qué te vas con este muchacho si tienes en casa todo lo que necesitas? ¿tienes quién te dé de comer?
¿quién te prenda el boiler? Porque sí le da miedo prender el boiler a albertano, ¿verdad?
Sí. Todo lo tenía.
Le lavaba su ropita. Todo, todo, todo.
Le planchaba, le cocinaba. Y tenía su independencia.
A sus cuarenta y siete años apenas empezaba a venir. Sí, sí, sí.
Ay, doña lucha. Le solté las alas y siento que me precipité.
Y se lo llevó. Se precipitó.
No, ya, señora. Doña lucha, por eso no se quieren ir nunca de las casas.
Ya que vuelen, que haga su vida, que se corte el condor umbilical, doña lucha. Sí, tú lo dices de una manera muy fácil, claro.
Claro. Sí.
Pero, claro, ahí vas todos los días a comer a casa de tu madre, no te hagas. Ah.
Ahorita hasta la saludó. Lupita, mi mamá lupita.
Dale. Mamá lupita.
¿verdad, lupita? Ajá.
Ay, me recuerda tanto esas, estas lloradas, este. Pero hoy cuando quieras pasar a visitar a lupita también, ¿verdad, lupita?
Cuando quieras. Ya sabes.
Ya sabes. Ya sabes, hijito, cuando tengas tiempo, te acuerdes que tienes madre.
Exacto. Aquí estoy yo, total, no me debes nada, señor.
Lo único que te he dado es la vida. No tienes obligación de hacerme ningún favor.
Ay, yo siento que, siento que mamá, siento que tengo. Lupita.
Realmente. Ay, doña lucha, espérame.
Ay, sí, sí, sí. No quiere nada de mí.
Sí, me he hecho un fuertecito. Aquí se, aquí es agua de guayaba.
Es agua de guayaba. No.
Él se lo dejó. Me lo tomó únicamente para regular.
Para regularme mi presión. Ah, ok.
Claro. Ah, muy bien.
Pero es poquito, doña lucha. Ah.
Ok. La traía atrasada, doña lucha.
Ahí va, ahí va, ahí va. Ahí va.
Ahí va. Ahí va.
Ahí va. Ahí va.
Está bien que las mamás también se den sus alipuces, doña lucha. No.
No, no. Bueno, yo tengo mi fuertecito ahí abajo del fregadero, pero nada más es para cuando se me baja la presión.
Ah, esa. Oiga, doña lucha, pero la quiero invitar a que vea el estreno de mi película, que va a ser este 10 de septiembre.
Dos días, doña lucha. Se llama el club del pie izquierdo de un tipo que es un oficinista que se mete a clases de baile y su vida le cambia, doña lucha.
¿usted no le gustaría tomar clases de algo, doña lucha? Sí, sí, sí.
Yo, yo, yo fui bailarina exótica. A ver.
También exótica. Además de modelo.
Sí, bailé en un ballet que se llamaba las ninfas de baco. Ah, su.
Las bailarinas, miren, bueno, enseñábamos. A ver.
Una cuarta arriba de la rodilla, nada más. Nada más.
Los caballeros pedían más y no les dábamos más. En cambio, las bailarinas de ahora, ¿qué tal para verlas más?
No, pues una cuarta, pero hacia acá. Ahora hay que sacarles una radiografía a las cadenas.
Ya no deja nada a la imaginación. Es cierto, eso es cierto.
Qué tiempos, cómo han cambiado. Por eso me gusta el disco que hizo mar escalante de corazón de barro, porque es muy bonito, poético.
Bonitas letras. Bonitas letras.
Por eso usted lo financió. No, que ahora sí.
No, que ahora sí. Pero ahora el reggaetón que no deja nada a la imaginación.
Verdad. Todo muy explícito.
Sí.