De la brillantina rosa al pañuelo verde: aquí la simbología detrás de los colores en el feminismo

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Todo movimiento social tiene elementos con carga política y de protesta; aquí los significados de prendas que representan al feminismo

En agosto del 2019, puños de mexicanas espolvorearon brillantina rosa, pero a pesar del color, el brillo y la fantasía que aquella imagen pudiera brindar, en todo México se supo que tal espectáculo visual estaba lejos de representar alegría.

La purpurina rosa fue el arma con el que colectivos feministas atacaron a un titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en protesta por supuesta impunidad hacia el caso de una joven de 17 años denunció haber sido violada por cuatro policías en la CDMX y que terminó sin proceder por falta de evidencia.

Desde entonces, en las siguientes marchas feministas, pancartas han llevado las insignias: “Ojalá a las mujeres nos atacaran con diamantina”. De esta forma, la brillantina rosa se convirtió en un símbolo de la lucha por la justicia ante la impunidad de la violencia de género en México. Como este elemento adquirió una carga política y de protesta, así otros colores y prendas juegan un papel clave en la historia de movilizaciones que exigen la igualdad de géneros y la libertad de la mujer.

Mientras a un nivel regional, la purpurina rosada es un ejemplo de cómo se puede hacer de lo cotidiano, una arma simbólica o hasta un uniforme para la guerra.

Alrededor del mundo, se distingue a los movimientos feministas con el color morado con una historia que tiene tres teorías, pero un fin en común: la liberación de la mujer y la lucha por sus derechos.

La primera viene desde principios del siglo XIX, cuando un incendio en una fábrica de blusas de la Triangle Waist Company en Nueva York le robó la vida a más de 146 trabajadores, entre ellas 123 mujeres.

Si bien las causas no se esclarecieron, la ciudadanía enfureció cuando se dio a conocer que un factor que pudo salvar la vida de dichas mujeres y es que las puertas del lugar fueron bloqueadas para que las trabajadoras no abandonaran sus lugares durante el incendio, puesto que no tenían permitido interrumpir su trabajo.

A partir de ello, la tragedia robó atención por las duras condiciones de trabajo en las que las mujeres laboraban en el sector textil; la seguridad y derechos de mujeres entre 20 y 30 años se volvió una urgencia, por lo que mujeres crearon sus primeros sindicatos para trabajadoras.

Debido a que las telas que se trabajan en la fábrica eran de color morado, un humo del mismo tono salía de las chimeneas y coloreaba con dolor el cielo, volviéndose un espectáculo de impotencia, aquel 25 de marzo de 1911.

Años antes, en 1908 y del otro lado del atlántico, sufragistas inglesas vestían el mismo color morado, así como el verde y el blanco. Dicho grupo de mujeres peleaban por el derecho al voto femenino, en momentos en los que la mujer tenía legalmente acceso a los mismos derechos que un niño en la época, pero responsabilidades de un adulto e incluso la obligación de trabajar para recibir un salario que eventualmente sería administrado por su marido.

En contra de ello, y con bandas y flores moradas, sufragistas pelearon en el que sería uno de los primeros pasos por la igualdad de géneros.

La activista inlgesa, Emmeline Pethick, lo explicaba: “El violeta, color de los sobreanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad. El blanco simboliza la honradez en la vida privada y en la vida política. Y el verde simboliza la esperanza de un nuevo comienzo”.

Una tercera teoría sobre el color púrpura en el movimiento feminista alude a la mezcla de los colores rosa y azul, ambos culturalmente relacionados al género femenino y masculino, respectivamente, por lo que, al unir ambos tonos, el morado pudiera simbolizar la equidad entre hombres y mujeres.

Un ejemplo de esta última teoría podría ser el último traje usado por Hillary Clinton como candidata a la presidencia de Estados Unidos.

Luego de perder las elecciones en 2016, la política y su esposo, el expresidente Bill Clinton, se coordinaron en trajes oscuros, pero con detalles color morado, la opinión pública tomó dicho look como un símbolo de su compromiso feminista y los lugares a donde su trabajo en la política le ha llevado en su carrera, algo que quizá hubiese sido imposible sin el trabajo y la lucha del movimiento sufragista y el Partido Nacional Femenino.

Desde otras latitudes, pero con la misma hambre de lucha, la historia del pañuelo verde se posiciona de la igual forma entre uno de los símbolos más fuertes para el pensamiento feminista, y que aunque nació en Argentina, adquirió una fuerza que abrió la conversación sobre un tema que ha llegado a dividir opiniones sobre temas tan complejos como la interrupción del embarazo en las primeras 14 semanas de embarazo.

En el 2018, el color verde encontró un hogar abrazado por colectivos abortistas en Argentina, y aunque hoy en día sus opositores llegan sentirse personalmente atacados si se les llega a relacionar con dicho pañuelo, como el caso de la senadora mexicana Lily Téllez , quien estalló en molestia cuando se le obsequió dicha prenda, la tonalidad esmeralda en la lucha feminista tiene origen desde casi dos décadas atrás.

Aunque hace más de 33 años se celebra en Argentina el Encuentro Nacional de Mujeres, la edición del 2003 se volvió histórica tras las primeras demandas del movimiento feminista por su derecho a la despenalización del aborto y la educación sexual, eligiendo este color con el fin de ser diferenciado de otras tendencias políticas.

Dos años más tarde, se reconoció oficialmente dicho símbolo como insignia de la lucha por la libertad de la mujer a elegir sobre su cuerpo.

“El color verde lleva un tiempo decidido, desde el 2005, y esta decisión fue tomada anterior al 6to Encuentro Latinoamericano de Feministas y, en parte, se decide tomar el color verde por que no representa ninguna tendencia política”, declaró ese año Gemma Ortega, vocera en Chile de Coordinadora Feministas En Lucha.

Feministas apoyando el movimiento abortista en México han adoptado naturalmente el color, usándolo en cada una de las recientes marchas durante el último par de años. Al igual que mexicanas adoptaron la simbología del color verde dentro de su lucha, otros colectivos con mismos ideales pero con enfoques específicos se siguen sumando al movimiento feminista.

Un ejemplo de esto, son las mexicanas que replicaron su lucha por la rridacación del sexismo en el mundo del cine. Tal como en el 2017, trabajadoras que iban desde actrices nominadas y ganadoras al Oscar, hasta profesionales de la industria fílmica, como asistentes de dirección y encargadas administrativas, alzaron la voz para denunciar el continuo acoso sexual y violencia de género que se vive en Hollywood, al menos durante los últimos 20 años.

Al movimiento en Estados Unidos se le identificó como #MeToo y dentro de sus primeras victorias, destacan recientemente la encarcelación de Harvey Weinstein , ex magnate y productor de cine quien se llevó la mayor cantidad de denuncias por violencia de género, abuso e incluso violación en primer grado.

Dos años más tarde, durante la entrega de los Premios Ariel del 2019, actrices, directoras, productoras y todo tipo de trabajadoras dentro del cine mexicano promovieron la iniciativa #YaEsHora en protesta por la igualdad de género en la industria.

Con un pañuelo rojo en el puño y lideradas por la directora Alejandra Márquez Abel la y la productora, Paula Amor, se presentaron al frente de las cámaras la iniciativa "Ya es Hora" , el cual describieron como la propuesta de "un cambio en la industria audiovisual en favor de las mujeres".

"Lo que busca es hacer comunidad de mujeres y para mujeres, acabamos de hacer nuestro pronunciamiento y de lanzar el sitio en línea. La voz de una es la voz de todas; hoy más que nunca, ¡Ya es hora!", dijo la productora Paula Amor en la alfombra roja de la gala, mientras que rodeada de 50 actrices y directoras, entre ellas Ilse Salas , Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Cassandra Ciangherotti y más, usaron el pañuelo rojo con el símbolo de una mano blanca.

De acuerdo a la inciativa, dicha prenda exige principalmente tres puntos: tolerancia cero a la violencia de género en nuestra industria, paridad laboral, historias con perspectiva de género.