Cuando era parte de Timbiriche, Erik Rubín presumía una larga melena rizada. Hoy, a sus 48 años de edad, prefiere lucir la cabeza prácticamente rapada. Y su esposa, Andrea Legarreta cariñosamente lo llama “peloncito”.

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Erik Rubín recuerda lo mal que la pasó cuando llegó a Timbiriche

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El cantante contó algunas maldades que le hicieron sus compañeros; por lo pronto disfruta de la playa con su familia

Timbiriche no sólo marcó generaciones enteras de niños y jóvenes que siguen cantando sus éxitos, sino que hoy por hoy muchos de sus integrantes siguen cosechando aciertos gracias a su trabajo y a su innegable talento.

Ese es el caso de Erik, quien hasta el día de hoy no sólo ha sacado buenos discos sino que es reconocido por ser un buen intérprete de teatro musical. Pero para el esposo de Andrea Legarreta no siempre fue fácil, incluso fue en Timbiriche cuando más mal la pasó, pues ahora ha contado cómo le costó mucho trabajo ser aceptado por sus compañeros.

Erik entró a Timbiriche a los 12 años, en 1983, cuando el grupo ya tenía un año y los bandos bien marcados. Así que no fue tan fácil para él integrarse, pues además todo el mundo reconocía su indiscutible talento, cosa que levantó varios conflictos/envidias.

“Paulina una vez me tiró mi ropa al escusado; Diego, en una entrevista, me agaché a abrocharme las agujetas y me pegó contra la mesa. Ellos siempre me estaban haciendo bromas pesadas”, dijo en una entrevista de hace tiempo.

Además, en la anécdota agregó que él tuvo que hacerse el fuerte y devolver las maldades. “en unas clases de canto, había una terracita o algo así, y salieron Diego y Benny, yo los encerré como una hora. Benny me decía ‘ábreme, te voy a matar’, y cuando le abrí se me dejó ir a los guamazos”.

Para nadie es un secreto que los productores del grupo pensaban que en ese momento Erik era quien mejor cantaba, por lo que no era raro que hubiera celos entre los famosos niños preadolescentes.

“Estaban tratando de grabar una parte y no les salía, me llamaban a mí y grababa su parte, entonces no era como padre para ellos”, reafirmó Rubín, quien siempre ha tenido una manera muy particular de cantar.

Rubín contó todas estas experiencias para un programa de televisión de hace un par de años, donde también se supo que después de un tiempo, ya cuando todos se llevaban mejor, era muy difícil controlarlos, pues debido a su éxito eran muy indisciplinados.

Pero ahora para Erik la indisciplina quedó atrás, pues no sólo se porta muy bien, sino que hasta anima a sus hijas a seguir su ejemplo de disciplina con el deporte y la alimentación, dos cosas que se nota controla bien, pues está más guapo que nunca. Y más sano, pues según recientes declaraciones de su esposa, Erik dejó de beber alcohol hace casi 18 años.