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En tu caso, paloma, la primera vez que ibas a entrar, ¿qué sentías antes de entrar, así antes de cruzar la puerta? Ay, es que me agarraron jarra, me agarró mi mamá y mis hermanas, pero aparte fue con engaños, porque yo andaba de fiesta.
Entonces me dijeron, no, ven, tienes que firmar unos papeles justo como de... Dime una cosa, si no fuera por un centro de rehabilitación, ¿podrías haber sacado adelante, como hoy estás, que afortunadamente no estás en consumo?
Yo creo que no. La verdad es que sí se necesita estar en contención, porque pues obviamente hay especialistas como terapeutas, médicos, que pues obviamente me apoyaron, en mi caso a mí me apoyaron bastante, yo creo que sola no hubiera podido, porque bueno, ya la última vez ya no fue necesario mi internamiento, pero llegué directo a prevención de recaídas.
Y ahí fue como un poquito de contención, pero es importante estar en contención una vez que, pues que la gente se sienta bien, que la gente se sienta bien, que la gente se sienta bien, que la gente se sienta bien. Y la familia decide, o uno mismo decide que, pues que necesita ayuda, así es importante estar en contención.
Claro. ¿cuántas veces entraste a centro y cuánto tiempo estuviste?
Entré la primera vez a los 21 años, entré a montefénix, estuve 35 días y pasaron 10 años para que yo pudiera volverme a internar. Ahora fue en clínicas clyder, estuve 15 días la primera vez, tuve una recaída y la segunda vez estuve otros 15 días.
Pasó un año, recaí y ya no fue necesario que me volviera a internar, pero pues regresé a prevención de recaídas, a lo que conlleva después de estar internado. Claro.
¿qué característica o situación había específica que dijeras, no, esto era claro, que cuando sentía o pasaba o vivía esto, yo tenía que internarme? ¿sabes qué?
Que en mi caso específico, bueno, yo perdí a mi papá a los 21 años, entonces ahí se, gracias a ahí, fue donde mi alcoholismo se disparó totalmente. Entonces, obviamente, yo tenía una relación muy estrecha con él.
Éramos, era con la única persona con la que yo me sentí identificada, éramos muy unidos. Entonces, al momento que él fallece, yo me pierdo.
Mi seguridad, mi autoestima, pues todo lo que él me había enseñado, ahí me perdí. Entonces, dejé de amarme, dejé de, pues de darme cuenta quién era yo y valió gorro.
Entonces, también me empecé a relacionar con personas que supuestamente me iban a cuidar inconscientemente. Yo buscaba esa seguridad y esa protección, todo lo que él me daba, todo lo que mi padre me daba, lo buscaba en esas personas.
Y eran relaciones tóxicas, relaciones violentas que me agredían. Y la última, pues fue la peor, que fue la que ya me hizo decir, sí, tienes la enfermedad, eres alcohólica, este, ya, ¿no?
Y aparte, tengo un hijo y esa confianza, esa... Y esa relación madre-hijo, pues no estaba como debería ser una relación madre-hijo normal.
Entonces, pues ahí también me di cuenta, en esta última, esa última relación me hizo darme cuenta que yo estaba perdiendo a mi hijo. Aparte de que yo ya estaba perdida, ¿no?
Pero que estaba perdiendo a mi hijo. Y de hecho, él, ese día, me dijo, si tú vuelves a tomar, yo me voy, pues me voy.
Y también fue algo que me pegó mucho, esa confianza, perder la confianza, pero sobre todo, perderme a mí. El darme cuenta que yo ya no sabía nada de mí.
En tu caso, paloma, la primera vez que ibas a entrar, ¿qué sentías antes de entrar, así antes de cruzar la puerta? Ay, es que me agarraron jarra.
Me agarró mi mamá y mis hermanas, pero aparte fue con engaños, porque yo andaba de fiesta. Entonces, me dijeron, no, ven, tienes que firmar unos papeles, justo como de...
No, que eran importantes estos papeles por lo del fallecimiento de mi papá. Y yo, puta, entonces, pues sí me regresé.
Entonces, dentro de todo, como que me regresé y ahí me agarraron. Entonces, ya no me pude ir y me llevaron a montefénix.
Yo, ¿qué es esto? Yo no tengo nada que estar haciendo acá.
Yo tengo 21 años, bebo normal, como todos los chavos de mi edad. Y, pues, yo veía, o sea, cuando entré, pues me tocó con más señores.
Casi no, solo había una chavita, como de... Bueno, no es cierto, no era mi edad, tenía 35.
No te dieron, perdón que te interrumpa, no te dieron esta... Introducción, como mira, como para tratar de...
No me acuerdo. Ok.
Anda a bajar. Entonces, no tengo idea si me dijeron algo, solo dije, es que yo, ¿por qué tengo que estar ahí?
O sea, le están exagerando. Mi mamá y mis hermanas están exagerando con esto.
Entonces, pues llegué y yo dije, no. Es que explicación que eras botana, ¿no?
Sí, algo, porque aparte estaba mal. Y al otro, me pusieron suero, todo.
Y yo, pues, ¿qué yo qué tengo que hacer aquí? Y vi a los compañeros y yo, estos ya son señores.
Ellos sí tienen un problema fuerte, yo creo. Pues por eso están aquí, ellos ya duermen en la calle, este, pues no sé.
Pero realmente yo la pasé muy mal los primeros días en montefénix. O sea, no por los terapeutas ni los médicos, sino porque yo no entendía que tenía una enfermedad ni quería estar internada aparte, 35 días.
Claro. Mira, al principio, en mi primer internamiento en clyder, pues yo me sentía súper mal, con vergüenza, culpa.
Y obviamente yo decía, es que no me siento perfecta. No me pertenecí de ningún lugar.
Y la persona que me recibió de interna, al día de hoy es mi mejor amiga y mi madrina, me recibió con un beso. Le empecé a contar como mi historia.
Y teníamos mucho puente. Entonces...
Mucho puente es cosas muy parecidas. Sí, muy parecidas, vivencias parecidas.
Y yo, guau, es la primera vez que me siento en confianza, que me siento entendida, que me siento pertenecida. Yo vengo, tengo dos hermanas.
Y mi mamá, entonces ni con ellas me sentía así como pertenecida. Y ella, mi amiga luisa, me dice, sabes qué, pues aquí estamos las dos.
Entonces en la noche era platicar de lo que habíamos vivido, de cómo llegamos a clyder. Bueno, ella me vio llegar, pero me dijo, no pasa nada, tranquila, te va a ir muy bien, trabaja, busca en tu interior, que es lo que hay.
O sea, pláticas así y también pláticas divertidas. O sea, no todo es aburrido, no todo es, híjole, qué dolor.
O sea, obviamente sí, porque es un internamiento fuerte en clyder, como un curso intensivo, vamos a llamarlo así. Pero sí hay momentos donde también la pasas bien, donde también ríes, donde cuentas alguna anécdota de, fíjate que acá jarra hice esta situación y te ríes.
O sea, no todo es doloroso, no todo es aburrido, no todo es pesado. Hay momentitos muy bonitos.
Paloma, ¿en algún momento de estas diferentes integraciones a los centros? Es así, fue de, sáquenme de aquí, o sea, de me quiero escapar, aunque ya platicamos que uno puede levantar el teléfono y decir, sáquenme, pues no sé qué tan práctico sea y qué tan real sea de que uno pueda levantar el teléfono y decir, vámonos.
O sea, sí es real, porque me tocó una compañera que sí se quería salir. ¿y se salió?
No, al final ya no se salió, pero yo no quise, en ningún momento. ¿nunca te quisiste salir?
No, el primer internamiento sí fue así como... Llegué, más que nada como para calmar la bronca porque había tenido un choque.
Entonces, llegué para calmar la bronca, no realmente porque estaba consciente que tenía una enfermedad. En el segundo internamiento, pues ya fue como, sí, tengo la enfermedad, entonces, pues, ahí voy.
Pero no me quise salir nunca, eso sí, no, porque... ¿por qué?
¿por qué no te querías salir? Porque yo sabía que sí, o sea, mi forma de tomar no era normal, porque yo sabía que me estaba haciendo daño, pero principalmente le estaba haciendo daño a mi hijo.
Y lo que estaba hablando ahorita, mauricio, ¿no? , de esta relación al día de hoy que tengo con él, es maravillosa.
Y antes no podía tener una plática con él. Y hoy platicamos, él me cuenta cosas que jamás pensé que me pudiera contar.
Y yo así... Y son los regalos, las bendiciones, hablaba con lupita, que da la recuperación, ¿no?
Claro. El poder estar...
Viviendo con mi hijo, que me cuente cosas, que la novia, cosas hasta sexuales. Y yo, guau, o sea, lo agradezco infinitamente.
Claro, sí, porque ya hay... Por eso nunca me quise salir.
Claro, qué bueno, qué interesante. Mi querida palomita, adelante, lo que les quieras decir.
Pues yo lo único que les puedo decir es que sí hay esperanza, sí se puede, sí funciona. Y si yo puedo hacerlo, cualquier persona que tenga una adicción lo puede lograr, puede salir y puede empezar a amarse a uno mismo.
Para que pueda amar a su familia también.