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Íbamos macaria, maría bardal y yo caminando, ya sabes, por la costera. ¡ay, qué buenas historias!
¿y qué pasa? Tintán y nos toca.
Aguance, muchachas, vamos a dar la vuelta. Y nos llevo a dar la vuelta en el convertible.
¡qué gran historia! Estoy en mi camerino haciendo mis ejercicios y oigo...
En méxico somos expertos en... Somos los primeros.
Ah, sí. Primer cosa que pasa, menos.
Sí, sí. Así, una cosa terrible, meme.
Porque estamos muy acostumbrados, nos burlamos de la muerte. O sea, es algo que ha existido toda la vida.
Pero sí creo que no hay un país, fíjense lo que voy a decir, tal vez es muy responsable, en todo el universo que tenga el sentido del humor que tenemos los mexicanos. Ahí estoy de acuerdo.
Y los latinos en general, siento. Sí, pero más los mexicanos.
Y aparte somos buenos, somos los que más tememos a la muerte, los que más nos burlamos de ella. O sea, estamos cañones.
Y que me gustaría que se le diera un lugar más especial a la mujer que hace comedia en méxico. En méxico, 100%.
Porque siempre tenemos grandes representantes, y más que merecidos, pero también tenemos a grandes representantes mujeres. Que además están remando en sentido contrario.
Total. Porque siempre se nos dijo que la mujer no era chistosa, que la mujer no debe hacer reír, porque esa es una herramienta.
Esa es una herramienta de hombre para conquistar. Pero los temas que abordas tú como mujer, para las mujeres, son maravillosos.
Yo me río muchísimo contigo. 100%.
100%. No es, no siente que antes, hasta una se tenía que reír así como, como chiquito, ¿no?
Como para adentro, ¿no? Pues te regañaban por reírte, bueno, su papá.
No te rías así, que es de mala educación. Es que el que se ríe entiende.
Sí, sí, sí. Eso es así, así dicen ellos.
¡qué basura! Es que se ríe entiende.
Es que entiendes. Yo siempre fui estríde.
Y nosotros somos de doble sentido, ¿verdad? También el humor mexicano es ese.
Yo me eduqué en mérida, yucatán, donde ahí, no, no, el teatro regional yucateco. El teatro regional yucateco es, creo, el más antiguo de nuestro país, en el que, en mérida, cuando yo era niña, había teatro diario.
¿diario? Diario.
Diario de la familia herrera, del chino herrera, el cholo herrera, y todo esto que era una gran familia, pero hacían tres funciones diarias. Fíjate, la gente iba al teatro así.
Pero ¿cuánta gente iba? ¿cómo?
¿cuánta gente cabía? No era muy grande, pero la, se llamaba el teatro fantasio, ya lo volvieron a abrir.
Y cuando yo era niña, era todavía de bancas y de, y de tierra, ¿no? Así.
Ay, qué lindo. Y no me llegaban los, los pies ahí.
Ajá. Y ellos son tan geniales que hacían tarde, moda y noche.
Era la misma obra, pero en la tarde. Ajá.
Suavizadita. Para los niños.
Y tú podías oír cosas muy fuertes, pero no las entendías. Entendía.
Pero te reías. Ajá.
Ajá. Porque las decían de una manera muy graciosa.
Y ya en la noche, ya se, se soltaba un poco más, pero nunca era un humor agresivo, ni era insultante, y era familiar. Entonces, eso, el, el que se ríe, entiende.
Entiende. Claro.
Porque si hay un doble sentido o alguna cosa así. Ajá.
Ajá. Ajá.
Ah, verdad. Y no hay nada peor que no entender un chiste.
Es lo peor. A mí me ha pasado mucho.
Los albures, yo no los entiendo. Ay, no.
No. Pues empieza, ¿eh?
O sea, hay muchos. Ya te has perdido de algo muy importante.
De verdad. Hay muchos que no entiendo.
Y es más, una vez me invitaron a un programa de radio donde me estaban albureando. Que también me parece muy mala onda de su parte, porque es como, hombres albureando a una mujer en un programa de radio.
Me fui, me fui. Porque los, porque se estaban burlando que no entendía.
Ajá. Entonces yo decía, y no los entendía.
Pregúntale a eugenia derbez, que todo el tiempo, no, no doble sentido sexual, sino todo el tiempo hace como juegos de palabras. Sí.
Que yo no entiendo. Y siempre dice como.
Ay. La madre.
Pero es que. Y es horrible no entender eso.
Sí, sí, sí. El doble sentido.
Es este humor que tienen todavía muchos de nuestros comediantes. Claro.
Que es decir cosas muy fuertecitas, pero no directamente. Sí, no.
Y el que se ríe, entiende. Entiende.
El que se ríe. Sí.
Dali, ¿por qué te gustaba tintan? Ah.
Yo veía sus películas desde niña y yo decía, y de hecho cuando entro a trabajar a la televisión, siempre dije. ¿por qué no me tocó tintan?
¿le dabas un besote? Yo me hubiera casado con tintan.
Ah. Sí.
Me gustaba verlo, me gustaba, me hacía mucho reír, pero sí cantaba, pero sí bailaba, pero las caras, yo, yo, yo de niña estaba enamorada de tintan. Imagínate esa boda televisada.
Así. Imagínate.
Galilea. Yo con pedro infante me quería dar mis besos.
Tú con pedro infante. Ay, ¿cómo no me tocó?
Es que también pedro infante. ¿cómo no me tocó?
Sí, también un guapo pedro infante. Bafacito, ¿no?
Es que aparte siempre el que te hagan reír es, es algo. Es un gran afrodisíaco.
Súper. O sea, por eso también hay muchas que.
Ah, claro. ¿qué hace con ese feo?
Pues porque está cagadísimo. Ajá.
Ajá. Claro.
Porque si te hace reír, eso le va a durar toda la vida. Sí, sí.
Lo guapo luego no les dura. Ajá.
Exacto. Pero que te haga reír quiere decir que entiende tu sentido del humor, que, o sea.
Sí, ahí me quedo yo también. Pero hay mujeres que, que les gusta mucho el sentido del humor.
Sí. Para mí es vital.
Vital. A mí también es vital.
Para mí es vital. Para mí es vital.
Para mí es básico. Es más.
Prefiero el sentido del humor que el dinero. No, no.
Ay, no. Ya, ya.
Ya, ya. Oiga.
Ay, sí. No sé.
Yo dije, va, prefiero el sentido del humor que el sexo. Ajá.
Ay, yo sí. Para que vea.
No, ni yo, bebé. No, yo no.
Ay, ya no me acuerdo. Pero yo, yo quiero decir algo.
Lo que usted quiera. De esos comediantes.
Este, tintán era un genio y era de una disciplina absoluta. Como yo trabajé, tuve el privilegio en el teatro blanquita, a, a tintán no lo conocí en escena.
Sí. Lo conocí en acapulco en la primera reseña cinematográfica cuando fui con esa película.
Ay, qué maravilla. Que se llamó, eh, patsy, mi amor.
Ajá. Y él vivía en acapulco y tenía un convertible.
Entonces se paseaba por la costera de acapulco. Ya te vi, galilea.
Me desmayaste. Íbamos macaria.
Íbamos macaria. Me desmayaste.
Me desmayaste. Y maría bardal y yo, caminando, ya sabes por, por la costera.
Ay, qué buenas historias. ¿y qué pasa?
Tintán y nos toca. Ah, no.
No. No.
Nos subió el coche. No.
No. ¿la subió el coche, mara?
Les dijo ¿a dónde las llevo? Así.
No, ahí. Claro, a dónde.
Súbanse, muchachas, vamos a dar la vuelta. Ay.
Y nos llevó a dar la vuelta en el convertible. Oh, qué gran historia.
Ay, sí. Y, y.
Y olía rico. Y olía rico y era simpático.
Y dicen que era el que mejor besaba. ¿es en serio?
Váyate. Dígale,y sabía,rico.
Es real ,es real. Dicen que era el que mejor besos daba en ese momento del cine.
Sí,en esa época. Pero era un hombre muy disciplinado.
O sea,bailar como bailaba tintán. Cantar.
Como bailaba resortes,cantar. Eso,sí,a nosotros,niños,verdad,nos parecía que suave,que bien lo hace.
Pero requiere de un trabajo muy,mucho trabajo. Un carisma.
Muy,y él era compositor. Y además improvisaba.
Sí,tocaba guitarra. Y resortes,a mí me tocó,sí ,trabajar en escena con él en el teatro blanquita.
Y para mí fue,ay,un regalo. Porque yo también llego muy temprano al teatro y me preparo mucho y todo.
Entonces yo llegaba al teatro dos horas antes. Y creía yo.
Que era la única. Que estoy en mi camerino haciendo mis ejercicios y oigo.
Cállate. Entonces,me bajo al foro y ahí está resorte,resortín de la resortera,con una velita.
Y ponía una gotita de cera en donde iba a dar la vuelta. El batería empezó.
Y ahí había una gotita. Y entonces.
Resortes,resortes llegaba al teatro antes que yo. O sea, tres horas.
Tres horas antes. Hacer toda esa rutina y hacer ese...
Para la voz. Mamaché.
No, porque se decía que pachón, mamaché. Mamaché.
Pero eso requería de... Entonces, él hacía su calentamiento y yo también.
Mamamí. Y él...
La dama y el vagabundo. Oye, pero ¿qué tal el dato de que para dar la vuelta?
Sí, la cera. Y se los advertía.
Resortes era un ser tan fantástico. ¿tú lo conociste?
No, yo no. ¿tú tampoco?
No. Ay, ay, ay.
Además, sí, grandes historias. Claro que sí, estuvo en la hora, pico.
Claro que sí. A mí me tocó, ¿sabes dónde lo vi?
Que hasta me quedé como... Es él, es él, cobrando...
¿te acuerdas cuando hacía así para cobrar a quien la encarga? Oye, esa fila.
Oye, esa fila. Pero era ya, ya estaba viejito, viejito, viejito.
Y decía, no puedo creer que delante... Mira, les cuento y se me enchina la piel.
Delante de mí está el señor resortes. Ya lo llevaban porque...
Ya estaba... Ya no podía caminar bien, pero lo vi.
Claro. Lo vi y me tocó también ver a maría félix.
¡guau! Entrando por la puerta tres, bajándose de una camioneta, la vi así de lejos y dije, ¡guau!
O sea, sí me tocó. María victoria a mí me tocó en el blanquito.
María victoria a mí. Pero algo que dijiste tú que es súper importante, que creo que la gente no sabe o no considera de los comediantes, es que la disciplina de un comediante...
Es barba. La disciplina no va a llegar a ningún lado.
Es muchísima la disciplina que necesitas para... Sí, se cree que no, que el comediante no va a salir a hacer chistes y decir, no, no, y no.
Y además, bueno, lo que hablábamos del chiste físico, ellos qué dominio tenían de su cuerpo. Todos ellos, aún borolas, ¿verdad?
Así, redonditos, pero ¿qué tal le movían las patitas? Y todo eso es disciplina.
Claro, yo amo la comedia. Un aplauso para la comedia.
Un aplauso para la comedia. Y un aplauso para reír para no llorar, porque de verdad que cuántos momentos nos ha ayudado, ¿no?
Momentos tan rudos y tan duros. O cuando te carcajeas, que terminas llorando de tanto que reíste.
Cuando te ríes y haces así. ¿cómo te lo agradece el alma, el cuerpo, reír?
Decir, güey, quiero reírme diario así, con lágrima de fuera. ¿por qué se sienten tan ricos?
Porque genera hormonas, genera dopamina, o sea, está súper comprobado científicamente que cura la risa. O sea, por eso existía patch adams y por eso existen personas que van a hospitales a hacer reír a gente, a hacer reír a niños, porque eso cura.
O sea, esas hormonas curan. Y por eso hay gente que, es más, a mí me tocó en un show a alguien que le acababa de dar un infarto, tipo un día antes, y iba a ir al show y se fue al show.
Y yo decía, güey, no te me vayas a morir aquí. No, claro.
O sea, no tengo ambulancia, que te ríes y te me infartas. Y entonces lo hicimos todos comedia, pero el cuate dijo, yo prefiero estar sentado curándome en un show que acostado en el hospital porque me iba a infartar.
Y qué privilegio que te fue escoger a alguien. Cien por ciento.
Muy bonito. Gente enferma.
O sea, mucha gente que sabe que la comedia cura va a eso. Y no tanto reírse, sino procurar la risa.
Ajá. De quienes tienes junto.
Es cierto. Y la alegría no se pelea con la conciencia.
Estoy de acuerdo. Ay, no, pues es que esta es una pendeja y nomás se está riendo.
No. No.
La conciencia no se quita con la risa y hay que procurar ambas, ¿verdad?