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El güey estaba sacando todas las cosas, estaba sacando todas las cosas porque él decidió, solito él y su alma, ya no estar asociado con nosotros. Paro total, le hablo a los otros dos socios, le digo, a ver, este pendejo, está sacando las cosas de la oficina.
No mames, ¿por qué me dejaste pagar 80 mil varos, cabrón? Él hace una vez, un miembro, ya préndete lo que está difícil, que se endeudó por asociarse con la persona incorrecta.
Ah, ya, ya, pinches tontos. Ahí vas, ahí tonto.
Ahora le echan la culpa a los demás de sus pendejadas. De sus pendejadas.
1, 2, 3. Mau, fuiste tú, mau, fuiste tú.
Fui yo. Fuiste tú.
Sí, fui yo. ¿a quién le echas la culpa?
No, no voy a decir el nombre de la persona. Que lo diga, que lo diga.
No, no lo voy a decir, pero voy a dar pistas. Bueno, ok, no des pistas de adel ramón.
No voy a dar pistas. No, bueno, no fue él, afortunadamente.
No lo hice, fue alguien muy conocido. Ok.
Hice una, hice una, yo he hecho tres empresas y la tercera es la exitosa, que es esta, la productora de este programa. Esa es la tercera.
Ah, la 8. Así es.
Pero tuve dos anteriores y la primera fallé y muy mal. La segunda me asocié con otra persona que también es conocida, digamos, desde el medio artístico.
Se llamaba the humor factor, digamos, éramos cuatro socios. Se invirtió mucho dinero, se invirtió, digamos, tiempo, mucho talento y demás.
Entonces, la idea es que íbamos a hacer eventos y a producir. Entonces, la idea es que íbamos a hacer eventos y a producir, etcétera, etcétera, para no hacer descuentos largos.
Un día iba yo con mi hermana en la condesa, le digo, mi hermana viene de mazatlán, le dije, vamos a la oficina para que la conozcas, ¿no? Y llego a la oficina, llego a la oficina, me meto, había un camión estorbándome en mi lugar de estacionamiento donde estaba la oficina.
Me subo a la oficina, abro y estaba este señor, este señor que les digo, sacando las cosas de toda la oficina. Ah, no mames.
Con tres cargadoras. Entonces, digo, a ver, güey, a ver, a ver, cabrón.
Porque su nombre empieza con p. A ver, pendejo, ¿qué haces, güey?
¿qué pedo, qué haces aquí? Tragando este camote, tragando pinole así horrible.
Le digo, a ver, güey, ¿qué te pasa? Entonces, el güey estaba sacando todas las cosas, estaba sacando todas las cosas porque él decidió, solito él y su alma, ya no estar asociado con nosotros.
Éramos tres socios, éramos cuatro, obviamente, los otros tres. Digo, a ver, no, no, no, no, no.
Había cosas mías que ya estaban en el camión. No mames.
Había cosas mías. Había muebles.
Había una silla que era mía. Había mi respirador.
Había libros míos que estaban en la oficina. Estaba ya dentro del camión de mudanza.
Le digo, a ver, a ver, güey, paro total. Le hablo a los otros dos socios.
Le digo, a ver, este pendejo está sacando las cosas de la oficina. Entonces, claro, vienen inmediatamente los otros dos socios y lo enfrentamos ahí y le dijimos hasta de lo que se iba a morir, ¿no?
Porque el güey tomó la decisión solito de que como si una sociedad se deshiciera tan fácilmente como decir, pues yo voy por mis cosas y el lunes. Pero además era sábado, paul.
Sí. Sí.
O sea, el lunes siguiente íbamos a llegar a la oficina todos y güey, ¿dónde están las cosas, cabrón? Y la gata, la gata.
¿quién vino a robar, cabrón? Y según él, ¿cuándo nos ibas a decir que ya no quería ser socio?
Le dije, las cosas no se hacen así. Está muy cabrón.
Un aplauso para su historia. No, bueno, vamos.
Oye, ¿y qué pasó con este pendejo? Ahí sigue y me saluda como si nada hubiera pasado.
Por supuesto que sí. Yo por dentro diciendo, no, no, no puedo decir eso.
No voy a decir su nombre jamás. Pero me pasó que otro amigo que es que su mamá me dijo, oye, este, me habló fulano que tiene un, que compró un teatro.
Le dije, ¿qué? Le dije, a ver, ¿qué compró un teatro?
Sí, un teatro que está en el sur de la ciudad. Entonces, como él escribió una obra, dice, quiero ver si, ¿qué?
Me la va a producir. Le digo, a ver, no, güey.
Eso no va a pasar. Eso no va a pasar.
Entonces, fuimos. Yo creo que estoy cerca de saber.
Fuimos, fuimos al lugar este. Es chaparrito.
Es chaparrito. Es chaparrito.
Ya no sigas. Es chaparrito.
Chaparrito estuvo en un programa muy bueno. No, no, no.
No vas a decir su nombre. Me la acaba de aplicar.
No, no, no. Me la acaba de aplicar.
No vas a decir su nombre. No, no lo voy a decir.
Ah, bueno. Pero me la acaba de aplicar.
Yo no voy a decir su nombre. Vieja guardia de programa de niños van a ir.
No, güey. Ah, ya sé quién es.
Y entonces le dije, oye, cabrón. Dije, ese teatro no es de él.
Primero, te lo puedo asegurar. No, claro que no.
Segundo, no va. Porque le dijo, yo compré el teatro.
Lo compré. Le dije, no mames, no mames.
Ah, mames. Si no tienes ni en qué cara.
A mí me dijo lo mismo. Es donde está.
Qué poca madre. Es donde está mi teatro.
Ese teatro antes lo administraba un amigo, que ya sabes quién es. Claro, claro que sabe.
Claro, por supuesto. Un doctor.
El doctor, el doctor, claro. Qué poca madre.
Entonces, ese fue el güey que me saluda como si nada hubiera pasado. Y la verdad es que fue una marranada lo que hizo, una marranada.
Sí. Aprendan, aprendan de esto.
Pero va por la vida haciendo eso muy cabrón. Ya, cállate, ya lo sigas ya.
Quédase una vez, un miembro. Aprenda, señor.
Que por una mala recomendación fue saqueado. Igual que yo, güey.
Pues sí. Esta sí es absoluta de nicola porchella.
Sí. Una, dos, tres, nicola.
Cero. Es de paul.
De todas maneras es de paul. A ver, una, dos, tres.
A mí no me lo pueden saquear esa paul. Le borracho.
Le creí, le creí a nicola. Una, dos, tres.
Es paul. Sí.
Sí, no hay otra, sí. Sí, no hay otra.
Es al único que lo pueden hacer eso. Era otro lugar de playa que no quiero decir nada porque me voy a ventilar muy rápido.
Pero sí, yo uno ya uno con los chupecitos demás y todo eso, pues quería ver lo que viene siendo la típica, ¿no? De, quiero ver pelos.
¿fuiste a una peluquería? Sí, a una peluquería.
¿a una peluquería? Entonces me recomendaron un lugar en ese lugar de playa.
Mi mamá. Donde había este.
¿qué pendejo eres? Era internacional.
¿cómo adolescente, cabrón? Sí, sí, sí, sí, sí.
Era una barbería ahí. Oja.
Y entonces llego y me. Un barber shop de altos vuelos.
Sí. ¿era otro?
¿era otro lugar de playa? ¿con quién ibas?
Con el que se dice ser mi hermano. Oh.
¿no? Y me hice muy amigo del que era un cubano.
Fue antier entonces. Le dije.
Fue antier. O sea, fue una semana pasada.
Era otro miami. Era otro miami.
Era otro miami. Era otro miami.
Era otro miami. Entonces ya llegamos y pepe, pepe, pepe.
Y de repente, ¡pum! Blackout.
Blackout, papá. No mames.
Blackout. Te durmieron, gordis.
Ay, voy a ser cabrón al lado de. O sea, las damas ahí seguían.
No, no, no. Ya blackout en el hotel.
Sí, yo sé. Ah, ok.
No, yo sin damas. Ok.
Bueno, ya me levanto y le digo, cabrón. Es que pese ayer.
Me mandaste antes, güey. No, no, no.
No mames. A la jerga, dije.
A la jerga. A la jerga como la que limpias.
Como la que limpias. Me mandaste antes.
Te pones bien mala. No, pero.
¿qué pasó? No mames.
Entonces este. No es necesario todo el diálogo.
No quiero. No quiero ser explícito.
No. Sí, resume, resume.
La cosa es que me meto a la bolsa, lo que viene siendo la mano. Métela.
No saca la mano. Métela.
Vámonos. Ándale.
Ya tenemos. Ya sí, güey.
En la puerta derecha. Así.
Fue así. Fue así de.
Verde. La cuenta.
La tarjeta. Sí, la cuenta.
No mames. Veinte mil dólares.
No mames. No mames.
¿por qué me dejaste pagar? Ochenta mil varos, cabrón.
Ochenta mil varos y nadie picó. Nadie.
Eso es lo peor. No.
Porque con ochenta. Y ni los pomos nos dejaron sacar.
Cuarenta y cinco mil dolis. O sea.
Cuatro mil quinientos dólares. Cuatro mil quinientos dólares.
Cuatro mil quinientos dólares. Ochenta nunca había.
Y nadie mojó el calcetín. Nadie mojó el calcetín.
No mames. Pero mira cuál es.
Tú que estás. Tú estabas acostumbrado a pagar, güey.
No, pero no, no, no, no. Yo no soy de.
Sí. Tú sí eres de pagar.
Sí, pero yo no. Pagar así, no.
Yo soy más del coqueteo, del fleteo. No, no, no.
Eh, cállate. Estás.
Perdón. Perdón, paul.
Pero hace una vez un. Un miembro.
Chicos, por favor, no hagan eso en casa. Sí.
Ay, sí, sí. Tienes cinco mil dólares.
No vayan. Ya.
Que se lo comieron los intereses de un crédito automotriz. Ah, la de preparatoriano.
Sí. Sí.
Una, dos, tres. Tú.
Sí, güey. No hay duda.
La de la preparatoria. La de la preparatoria, güey.
No más que cuando yo estaba muy chavillo, güey, pues ya andaba yo de bailarina y uno que pa de bure, pa de bure. Ah.
Pa de bure. Y ahí empecé.
Decías pa de bure. Ay, ay.
Y así pagabas tu, tu auto. Pa de bure.
Pa de bure. ¿cómo lo ensucian?
O sea, ustedes todo lo ensucian. Todo lo ensucian.
Oye, no. Sí.
¿qué saben del pa de bure? Y tenía un buen amigo que la rifaba de muy acá en un banco.
Ah. La de preparatoria.
La de preparatoria. La de preparatoria.
No. La de crédito.
La neta, era un amigo mayor y que yo salía con dos güeyes, dos, tres güeyes así de acá, muy sacale punta, que tenían sus novias y no sé qué. Decían, güey, te falta coche, no podemos pasar siempre por ti.
Yo, güey, no tengo coche. No, güey.
Sácate un crédito. Pero era otro méxico, literal, otro méxico en el que los banqueros hacían lo que querían, güey.
Sí. Cuando decimos hacían lo que querían es tasas de interés, o sea, créditos que no manches.
Impagables. Impagables, güey.
Que eran una jalada, güey. O sea.
Ahí está regulado. Hace cuenta, la, la mensualidad en realidad era en un 90 por ciento, este, interés y un cachitito de capital.
Hoy en día, la verdad, ya impensable. Han cambiado mucho las cosas, pero bueno, y la reglamentación del...
Y que llegabas y te decían, fírmela aquí. Pero yo era, o sea, yo era que probablemente...
No leías ni madre. No leías ni madre, no.
No leías nada, güey. O sea, miles de letras chiquitas.
Qué macho. En aquel entonces, como en pinche vista de águila cabrona, no veía las letras de tan chiquito que estaban las letras de todo el contrato, güey.
Que había todo el pinche contrato como de diez hojas en una hoja. Firmabas.
Yo decía, güey, firmo esto, pago, nada, veinte mil pesos y tengo un coche. Sí, una cochera.
Nunca se me va a olvidar. Un jetta.
Un jetta. Entonces, espérate.
Es buen nivel, ¿eh? Estaba muy cabrón.
No, mames. Me medía diez centímetros más.
O sea... Guau.
Brutal. Brutal.
Eras jordan y tú. Oye...
Éramos... Y tú también.
No, oye, no. Porque oye...
Y luego... Éramos mj y yo.
El destino, el destino te alcanzó. El destino me alcanzó.
Y además más culero y rápido de lo que tengo. Porque pasa como un año y yo sigo pagando.
Y a mí me valía madres porque me alcanzaba para pagar el crédito. Huevo.
Estás bien, chingón. Pero nunca revisé cuánto seguía debiendo.
Y era como los güeyes que nadan en aguas abiertas cuando hay una corriente culera. Que nadan y creen que van hechos la chingada una hora y siguen en el mismo lugar.
Sí. Así era ese crédito.
¿a cuánto tiempo? No mames.
A cuarenta y ocho meses. Estás mamón, güey.
Claro, cuatro años. Espérate.
Pero como al año y medio, el quitarrisas. ¿qué?
Se acaba la chamba que yo tenía. Ah, claro.
La pinche... Y me llega la pinche crisis personal.
Muy mal, muy feo. Dejaste de percibir y no ahorraste ni madre.
Dejé de percibir. Nunca.
Hoy es la misma situación. O sea, no puedo percibir.
O sea, ya valió madres. Entonces, bueno, ya.
Pero yo decía, mi coche no jamás. O sea, mejor dejo el depa y duermo.
En mi coche. Pero es mío.
O sea, es algo mío. Yo lo sentía.
Es mío. Mío.
De mi familia. Era más del banco.
El final de la historia es que sigue sin poder pagarlo. O sea, lo sigue pagando el pendejo, ¿no?
Güey, espérate. Estuvo más culero aún, güey.
Te lo quitaron. Me lo robaron.
No. Claro que no.
Porque ahí se saldó todo, ¿no? No mames.
Estaba asegurado. Estaba asegurado.
Estaba por eso. Mejor.
Escucha esto. Escucha esta culera.
No. No.
Me lo roban. Porque yo no tenía estacionamiento, lo dejaba en la calle, ya no me alcanzaba para pagar la pensión de la esquina.
Ni siquiera para eso. Entonces, no me alcanzaba para pagar la pensión, pero ahí a media cinta seguía pagando ya la mensualidad.
Entonces, lo dejo en la calle y un día no amanece y ya sale la denuncia. Otro méxico.
Culerísimo, güey. Saco el seguro que la chingada y yo dije, ese negro vas a estrenar yeta, culero.
Claro. Claro.
Te va a alcanzar para comprarte tu yeta nueva. Entonces, un día me hablan del banco y me dicen, no, ya está, porque era el seguro pues que te contrataba el banco porque estabas dentro del crédito, entonces tienes que contratar el seguro que ellos te dicen.
Ya venga por, o sea, firmar y todo, ya está lo del seguro, ya salió. El deducible.
Sí, exacto. Pagas el deducible y tal.
Yo llego. Sí, güey.
Pues qué pedo, ¿no? ¿dónde recojo mi coche nuevo?
En la oficina esta del banco. Y me dicen, mire, señor.
¿usted debía tanto? Sí.
Con la, o sea, ¿usted debía tanto? Y yo dije, ¿cómo?
Casi todo lo que contrató originalmente. Sí.
Pues sí, porque los intereses, porque la chingada, ah, chingada, bueno, está bien, y mi seguro, ¿cómo pone el pecho en las balas por mí? Dice, pues no, su seguro en realidad le paga un porcentaje menos el deducible, menos la depreciación del auto del año y medio, casi dos años, que ya cuenta como dos años y es tanto.
Cantidad quedaba casi igual a lo que yo debía. Ajá.
Yo dije, bueno, ya chinguebo. Aunque sea, bueno.
Salvo. O sea, ahí quería yo llorar.
Pero dije, bueno, pues por lo menos me van a dar. Sin deuda.
Diez mil pesitos sin deuda y un dinerito que a lo mejor me alcanza por un enganche. Que ya es debiendo.
Dice, no, pero eso da casi igual al deducible. Firme aquí.
Muchas gracias. Nos vemos pronto.
Adiós. Bye.
Bye. ¿y nada?
Nada. ¿ni un peso?
Nada. Ni un peso.
Ni pa'l . Ni pa 'l .