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"A los libros de ciencias se les arrancan las páginas cuando hablan de menstruación"

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Profesoras entrevistadas aseguran que se evita el tema y se llega a arrancar las páginas donde se habla de menstruación y sexualidad


Mi primera menstruación ocurrió en una iglesia , al levantarme de la banca, mi mamá notó la mancha “chocolatosa” en mi vestido blanco de los domingos. Me sacó cubierta con su suéter y, sin explicarme gran cosa, me subió al coche. Recuerdo que colocó unos de esos periódicos publicitarios para que me sentara sin ensuciar el asiento.

No hablamos mucho camino a casa, pasamos por una farmacia, me compró toallas sanitarias, me explicó cómo se usaban y me dijo que, a partir de ese momento, eso me ocurriría una vez al mes. No pregunté nada más y al día siguiente, al volver de la escuela, me encontré con un arreglo de flores en la sala “por haberme convertido en mujer”. Yo tenía once años, iba en sexto de primaria y estaba segura de que esa sangre significaba que si un muchacho me besaba mientras estuviera usando la toalla, me podía embarazar. Creí eso por dos o tres años más.

Así como me ocurrió a mí a los once años, el Instituto Nacional de Pediatría confirma que el rango de edades de la menarquía (primera menstruación) en México abarca de los 9 a los 16 años y que el promedio se ubica en los 11 años y medio. Es decir, las niñas mexicanas experimentan su primera menstruación entre el tercero de primaria y el tercero de secundaria con la mayor incidencia concentrada en quinto y sexto de primaria.

Según el mismo Instituto, las mujeres mexicanas, y latinoamericanas en general, experimentan su primera menstruación en promedio un año antes que las caucásicas y las orientales. En algunas regiones del país, se han registrado menarcas de hasta 7 y 8 años. Lo que significa que, si los planes y programas diseñados por la Secretaría de Educación Pública de verdad pretenden informar y educar a todas las niñas mexicanas en edad susceptible de presentar su primera menstruación, este tema debería comenzar ha abordarse en segundo de primaria.

Sin embargo, después de revisar todos los planes y programas para cada grado de educación básica aprobados por la Secretaría de Educación Pública, encontramos que el tema aparece referido por primera vez en los programas oficiales hasta el Bloque I de Ciencias Naturales de quinto año de primaria. El tema que lo engloba es Caracteres sexuales secundarios y el tratamiento que se le da es prácticamente tangencial. La información que encontramos es la siguiente:

“... si el óvulo no se fecunda, el tejido es expulsado por la vagina acompañado de un poco de sangre; a este desecho se le nombra menstruación. (...) En algunas mujeres la menstruación puede presentarse con un poco de dolor o cólico”. (Ciencias Naturales, Quinto grado, Secretaria de Educación Pública, página 38.)

“Un poco de sangre” y “un poco de dolor”, son aseveraciones inexactas, por decir lo menos. Las mujeres menstruamos de 3 a 8 días y muchas de nosotras presentamos flujos que podrían ser considerados abundantes (hasta 80 ml por periodo), desde niñas. Además, el 95% de las mujeres mexicanas manifiestan haber sufrido al menos una vez el así llamado cólico menstrual, caracterizado por un dolor agudo en el bajo vientre, desde sus primeras menstruaciones.

De hecho, según datos de la Unidad de Investigación Médica en Biología de la Reproducción del Instituto Mexicano del Seguro Social , más del 50% de las mujeres mexicanas presenta menstruaciones acompañadas de un dolor intenso y prolongado, con una mayor incidencia entre los 12 y los 24 años. A este se le conoce como dismenorrea y es el padecimiento ginecológico más común entre la población femenina.

Pero nada de eso se menciona ni se describe en los libros, y lo que es peor, la información insuficiente termina por crear y naturalizar discursos erróneos entre las mujeres sobre sus periodos. “Gracias a información errónea, como la que aporta este libro de texto, pero también la que se obtiene de las amigas, la mamá o la abuelita, han normalizado, por ejemplo, el dolor en la menstruación”, explica la doctora Yoalli Palma , especialista en gineco obstetricia y miembro de Femme, Salud Integral para las Mujeres , quien añade: “La menstruación no debe de doler, el problema es que el dolor menstrual se ha normalizado al grado de que las mujeres no acuden al médico a causa de la dismenorrea, que se divide en dos entidades: la primaria, ocasionada por las prostaglandinas, y la secundaria, causada por alguna enfermedad como la endometriosis. Como no vamos al ginecólogo, no se nos diagnostica y no se trata, cuando, por ejemplo, la endometriosis puede causar esterilidad a largo plazo”.

Entonces, una niña de 11 años puede menstruar copiosa y dolorosamente y no comprender qué le sucede cuando la única información que ha recibido al respecto proviene de un libro que dice todo lo contrario. Que no menciona la dismenorrea ni otros trastornos menstruales comunes como el Síndrome Premenstrual , y, que además afirma que “los días en los que ocurre la ovulación se conocen como días fértiles, son los días en los que el embarazo se puede llevar a cabo” (Ciencias Naturales, Quinto grado, Secretaria de Educación Pública, página 39.), sin aclarar que existe evidencia contundente de que una mujer puede quedar embarazada prácticamente en cualquier etapa de su ciclo menstrual como afirma The American Pregnancy Association.

Esta información no sólo es inexacta, sino que incluso podría resultar muy riesgosa, sobre todo en un país como México, que ostenta una de las tasas más elevadas de embarazo adolescente a nivel mundial, además de que contraviene el derecho de recibir orientación pertinente sobre salud reproductiva. Y eso cuando las niñas tienen la fortuna de haber recibido por lo menos la escasa y deficiente información que proporciona la Secretaría de Educación Pública, porque, aún en la actualidad, existen muchas escuelas a lo largo del país en las que, por diversos motivos –que van desde la falta de preparación del personal docente y de salud hasta la negativa de los padres de familia– ni siquiera se llega a tocar el tema de la menstruación dentro de los salones de clase.

De nuevo la Dra. Palma anota: “No recibir información oportuna y fidedigna sobre el proceso menstrual puede retrasar un diagnóstico que a largo plazo afecte gravemente la salud de niñas y mujeres, dejando secuelas físicas y emocionales”.

Según testimonios recabados por parte de alumnos y profesores de educación básica y media en México, de escuelas públicas y privadas, (entre ellas todos los colegios de la red Semper Altius), las instituciones deciden, ya sea por iniciativa propia o petición de la sociedad de padres de familia, no impartir los temas de menstruación y salud sexual y reproductiva.

Por ejemplo, una maestra de quinto de primaria quien actualmente labora en una primaria pública del municipio de Villahermosa, Tabasco y que por lo mismo prefirió permanecer anónima, asegura que, los primeros días del ciclo escolar, en el plantel en el que imparte clases se le da la instrucción, por parte de la dirección, de arrancar las páginas del libro de Ciencias Naturales que hacen referencia a estos temas y jamás se habla de ello con los alumnos.

Dos profesoras más que laboran en el Instituto Rosedal de la Ciudad de México, aseguraron que, a pesar de aparecer en los programas oficiales, las autoridades educativas han decidido que no se toquen temas de salud reproductiva con el alumnado.

En una gran cantidad de instituciones educativas privadas, la única información al respecto que se imparte proviene de una marca de toallas sanitarias (Saba) que visita las primarias y secundarias promocionando su producto a través de una “charla educativa” en la que ellos posicionan su marca entre las niñas, y a cambio, la escuela puede afirmar que el tema fue impartido por “profesionales” y darlo por visto sin entrar en detalles.

A estas charlas, por supuesto, sólo asisten las alumnas, pues para la marca se trata únicamente de alcanzar un target, no de educar. Las mismas alumnas comentan haber percibido que esta segregación contribuye a reforzar el tabú de la menstruación entre sus compañeros varones.

Alicia Delicia, psicóloga y activista sexual, no solo halla problemático que sea el mercado quien se esté encargando de la educación de las niñas, formando consumidoras más que mujeres plenas que se conocen así mismas. También observa un sesgo de género en el tipo de marcas a las que se les encomienda esta “educación sexual”: “Las marcas que regularmente visitan las escuelas para dar pláticas y regalar productos suelen ser de condones, enfocadas en los alumnos y de toallas sanitarias, enfocadas en las alumnas. Es decir, esta segregación muestra claramente cómo a los hombres se les regala algo que sirve para que disfruten su sexualidad, mientras que a las mujeres se les habla de la menstruación casi como si fuera una maldición”.

Los derechos sexuales y reproductivos de los jóvenes y adolescentes , contemplados en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos como parte de los derechos humanos, según la Reforma Constitucional en Materia de Derechos Humanos de 2011, garantizan el derecho a la información sobre menstruación y reproducción, por lo que estas prácticas por parte de las instituciones educativas no sólo son condenables sino anticonstitucionales.

Por supuesto, al intentar hacer valer estos derechos, nos encontramos con las trabas de las legislaciones estatales, la cerrazón de algunas autoridades escolares y el avance organizaciones conservadoras como el Frente Nacional por la Familia, quienes, a través del miedo y la desinformación, han logrado obtener el apoyo de cientos de padres y madres mexicanos.
Fuera del papel, la educación integral y la información pertinente sobre temas de salud reproductiva como la menstruación aún no es un derecho al alcance de todas las niñas y adolescentes, y ante este panorama de opacidad, son indispensables la claridad y la transparencia.

Mientras las escuelas no sean espacios seguros para hablar de menstruación, tendremos que hablar de menstruación en todos lados.