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¿Qué tan dispuesto está tu novio a salir a comprarte un arsenal de protección menstrual?

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A pesar de que tenemos comunicación sobre el tema, admito que sí sentí el pudor en mis manos luego de escribirle tal petición a mi pareja


A pesar de que parte de las más recientes generaciones crecieron familiarizadas con el tema de la mujer y su menstruación, la duda de saber si mi pareja sabe cómo funcionan y cómo se consiguen los productos femeninos me orilló a pedirle el favor “más grande que una chica le puede hacer a su novio”: ¿estaría dispuesto a comprarme un arsenal de protección para la regla ?

Esto fue lo que sucedió y, para mi sorpresa, fue un poco más vergonzoso de lo que creí.

Era tarde y él venía a visitarme después de salir de su trabajo; le pedí algunas cosas para la cena y me dijo que sin problema las conseguía.

Pero justo 10 minutos antes de la hora en la que lo esperaba, le escribí: “¿Puedes ir a la farmacia y pedir un paquete de toallas sanitarias?”.

Mi novio, con quien tengo dos años de relación, desde que nuestra vida sexual en pareja comenzó, siempre se ha preocupado por mí y mi periodo, pero a pesar de que tenemos mucha comunicación sobre el tema, debo admitir que sí sentí el pudor en mis manos luego de escribirle tal petición.

Imaginaba qué respuesta hubiese dado mi padre a mi madre, si ella le pidiera lo mismo cuando recién andaban de novios; ¿qué hubiera contestado mi abuelo a mi abuela? Seguro la generación de mis abuelos no tenía aquella comunicación, quizá, como toda mujer, mi abuela siempre debió arreglárselas con su menstruación a solas.

A pesar de que en el fondo sabía que mi pareja no se iba a negar, mucho menos molestarse, recuerdos de la adolescencia, en los que alguno que otro comentario de mi madre o maestras implicando que “eso siempre es un tema privado”, me hizo sentir bastante vergüenza.

Para mi fortuna, él atendió amablemente a mi favor: “Sí, ¿de cuáles?” , respondió. En cinco minutos ya se encontraba en la farmacia más cercana; en ese momento, mi bochorno disminuyó drásticamente.

Sobre si él sintió vergüenza o no, me confesó que “no mucha”, pero sí algo de incomodidad por la manera en que la mujer que atendía la farmacia lo miraba; durante la plática en chat me dijo: “Se me queda viendo raro”.

En mi paranoia, llegué a pensar si a la despachadora se le atravesó por la mente que quizá mi novio era un hombre trans, y debido al largo camino que la comunidad LGBTQ+ tiene para ser reconocida, no me extrañó que un empleado de mostrador pensara en esa situación, y hasta le frunciera el ceño.

Ya platicando con él, cuando llegó a la casa, me di cuenta que no era tan “loca” mi suposición.

“Lo primero que dije fue: ‘Señora, ¿tiene toallas sanitarias?’, y ella se me quedó viendo raro, entonces fue cuando pensé que tal vez pensaba que eran para mí, se escucha ‘extraña’ la lógica, pero sé que sí hay situaciones así”.

Ya interrogándolo, con preguntas como “¿de cuáles?” y “¿de qué marca?”, la mujer se dio cuenta de que mi novio miraba bastante el celular, -nervioso y en busca de respuestas-, y fue cuando dejó de “mirarlo raro”.

“Al principio si estaba nervioso, porque no sabía que estaba pensando la señora, e iba a decirle, ‘oiga, no son para mí’, pero luego dije: ‘¿por qué voy a estarle dando explicaciones a la gente? Es sólo un producto y lo quiero comprar”, me dijo.

Cuando le pedí las toallas a él, sólo dije, “de flujo regular y sin alas” , era lo menos que podía hacer por él, pues tampoco esperaba que adivinara mi tipo de sangrado.

Sin embargo, no dije marcas, y tampoco hablamos de costos, por lo que terminó comprándome lo que la mujer del mostrador le recomendó.

Al final resultó que mi novio y la encargada en la farmacia platicaron un buen rato del tema, ella comenzó a sugerirle opciones, e incluso le recomendó unas toallas con fibras orgánicas. Él me las ofreció, pero yo le dije que por el momento las primeras que había elegido estaban perfecto.

Finalmente, y aprovechando las compras, le pedí también una caja de tampones sanitarios, pero, para mi sorpresa, esta petición si lo dejó “impresionado”, pues asegura que no tenía idea de que los usara.

“No sabía que los usabas y siempre pensé que sólo usabas toallas”, me dijo, y yo le respondí que no siempre, que para mí dependía mucho de la ocasión y día durante el periodo.

La experiencia fue más linda de lo que había imaginado. Le pregunté en privado cuál había sido su primera reacción cuando le pedí el favor y me respondió:

“Lo primero que pensé cuando me pediste las toallas fue: ‘por supuesto, hago lo que sea por ti’. Pero también pensé que no es el tipo de cosas que me pides, así que imaginé que sí estabas en una emergencia”.

Platicando con más amigos, comencé una encuesta sobre sí de verdad hoy en día es “muy normal” pedirle a tu pareja que te compre tampones o compresas.

Resultó que más amigos de los que imaginaba estaban, al igual que mi novio, dispuestos a realizar esas compras sin problemas.

Uno incluso me confesó que cuando estaba con su ex novia, además de llegar a comprarle toallas, él tenía en su coche un “mini-kit de emergencia” para ella, en caso de cualquier imprevisto.

Otro amigo me dijo, “sí, sin problemas hago esas compras y no sólo por mi novia, por cualquiera que me lo pida”.

Quizá parezca absurdo analizar meticulosamente cada respuesta o reacción de los hombres hacia este tema, sin embargo, considero que son precisamente en estos detalles en los que podemos descubrir que tan informado, o no, puede estar el círculo de masculino que nos rodea sobre el tema.

Aún saco con disimulo mis toallas y mis tampones en la oficina.