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Leí 27 temas sobre la menstruación y esto fue lo que aprendí

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A todos los hombres allá afuera: si no leerán ninguna nota de este especial, háganse un favor y por lo menos denle click a este resumen

Columna de opinión:

Hubo una ocasión, en segundo de secundaria, en la que una amiga sufrió un “accidente” que para ella resultó ser extremadamente vergonzoso. Estábamos en clase de Historia y un amigo me señaló boquiabierto la pata de una de las sillas de Paulina. Había un pequeño charco de sangre (lo recuerdo bastante grande, quizá por el hecho de ser sangre). Cuando el profesor se dio cuenta hizo que nos levantáramos todos (excepto Paulina) en un solo movimiento y nos pidió que saliéramos al patio en extremo silencio. De lo demás, nadie supo qué pasó. Paulina se ausentó por una semana completa. Algunos dijeron que fue por problemas médicos relacionados con la menstruación, otros, que por vergüenza. No recibió visitas en su casa y cuando volvió a clases me confesó que no regresaría el próximo año a la escuela.

El suceso fue comentado por varios meses. Escaló a niveles ridículos hasta convertirse en un mito escolar que cruzó generaciones enteras. Años después, la hermana de un amigo me preguntó sobre el “accidente de Paulina”. Hasta la fecha, si el tema aparece de casualidad en una reunión donde haya gente que la conocía, todos volvemos a impactarnos y a recordar solemnemente el suceso.

Esa sensación de asombro que me produjo la experiencia de mi amiga se quedó conmigo con los años, sin embargo, se convirtió luego en una profunda inquietud una vez que, por avatares del destino, terminé siendo el editor adjunto y corrector de estilo del proyecto editorial ‘Menstrualidad’ , que recoge un total de 28 piezas sobre la menstruación.

Después de leer los testimonios, las investigaciones de las autoras y las voces del especial, pude acercarme al tema como si hubiera entrado en una especie de confesionario; una mesa redonda en donde todas revelaban sus experiencias personales con el periodo y yo no formaba parte de la conversación. Sentado, escuchando, sin poder opinar o confesar algo, terminaba impactado por mi propia ignorancia e interés sobre el tema.

Cuando comencé mi trabajo, solo podía identificarme con la sensación de extravío que consignó en su libro El imperio de los signos, el semiólogo Roland Barthes, mientras hacía un viaje a Japón. “El Oriente me es indiferente, me proporciona tan sólo una reserva de rasgos cuyo despliegue, el juego inventado, me permite ‘acariciar’ la idea de un sistema simbólico inaudito, totalmente desprendido del mío”.

Menarquia , dismenorrea, amenorrea , vulvodinia , sanación del útero, endometriosis , pink tax (impuesto rosa) , doula , son por nombrar algunos conceptos, palabras que nunca había escuchado. Los testimonios de estas mujeres, sus autoras y entrevistadas; las protagonistas de las historias me impresionaron y conmovieron profundamente. ¡Cómo era posible que no supiera nada de esto!

La sensación de extrañeza e indiferencia, como la de Barthes en Japón, fue superada por la empatía cuando me topaba con los testimonios de sufrimiento, ignorancia, mitos y la falta de educación que existe sobre la menstruación. Lo más impactante fue saber que estas notas estaban dirigidas a los individuos que menstrúan (mujeres cis y hombres trans). ¿Qué razón podían tener estas personas para no conocer a la perfección un proceso que les sucedía sucesivamente cada mes?

28 temas sobre la menstruación. Y si seguimos investigando e indagando sobre trastornos y problemas culturales y económicos, este especial podría albergar más de 100. Sin embargo, yo apenas estaba enterado de lo que era un tampón y que algunas toallas tienen alas. Fue un gran impacto saber que hay mujeres en el mundo que incluso llegan a usar estiércol de vaca seco envuelto en un trapo para gestionar su periodo, o que existe una enfermedad como la endometriosis, en la que el tejido endometrial, que es el que reviste el útero en cada ovulación y que es expulsado en cada menstruación, crece en lugares atípicos haciendo que las mujeres sangren de manera abundante y dolorosa.

Según la pedagoga y doula Erika Irusta, una de las mujeres que formaron parte de las voces de este especial, los mitos que profesan que “menstruar te hace mujer” o “que toda menstruación viene acompañada de dolor”, “que menstruar convierte a las mujeres en ‘hormonas con patas”, o que es mandato “menstruar sin que se note” han sido factores cruciales para que no exista una pedagogía clara, práctica y precisa sobre este tema.

Lo que parece inconcebible es que la propia medicina occidental no tome la responsabilidad de ahondar más sobre las propias experiencias de las personas que menstrúan; incluso en algunas ocasiones ha llegado a la negligencia por motivos, sobra decir, conservadores y ridículos como fue el caso de Victoria en el texto La impensable razón que aleja a cientos de niñas mexicanas de la escuela: su menstruación , en el que: “Nos dijeron que su bazo estaba frío, y que eso se puede ir quitando si cada mes le doy de comer cosas calientes”, declaró su madre.

Existen mitos sobre la menstruación en las jóvenes, como el no querer llevarlas a un ginecólogo por un excesivo cuidado de su “virginidad”. “Esta gente cree que los diagnósticos sólo se pueden hacer con un tacto vaginal, pero se pueden obtener con ultrasonido abdominal, resonancia, tomografía e incluso laparoscopía”, explica Yoalli Palma Orozco, médica con especialidad en ginecología y obstetricia; otra de las voces que participan en el especial.

En el texto Mi nombre es Pame y así es como hice las paces con el dolor crónico en mi vulva , la autora habla sobre la poca empatía, pero, sobre todo, la poca información científica sobre la vulvodinia. Sentir un dolor insoportable y constante en la vulva parecía algo irrelevante para los médicos que trataron a Pame, los antibióticos no sólo eran irrelevantes, sino que podían agravar el dolor: “Me decían que me tomara una copa de vino y que me relajara, que seguro tenía un trauma, que mejor fuera al psicólogo. Me trataban de manera condescendiente y machista, haciéndome sentir que al ser mujer era propensa a inventarme dolores”.

Debo reconocer que fue vergonzoso para mí el no estar enterado de estos temas. ¡Qué tonto de mi parte pensar que la menstruación es parte de un universo femenino inalcanzable para la comprensión masculina, que no me incumbe!. Consideraba que el no saber sobre ese tema me hacía un hombre reservado y que mostrar curiosidad podía caer en la impertinencia y el mal gusto; desprenderme de la menstruación de una manera silenciosa y sutil, como lo hacemos la mayoría de los hombres. Pero la mala experiencia de Paulina y mis demás amigas, mientras estudiaban, pudo haberse evitado si se hubiera tratado la menstruación como un tema, que lejos de esconderse y entenderse como algo puramente femenino, hubiera estado abordado por una pedagogía que desestabilizara los mitos y promoviera una mirada más objetiva y empática entre mis compañeros y yo.

Al terminar de corregir los textos que componen el especial, me quedó gravitando un verdadero cuestionario: ¿Cómo es que muchas mujeres viven su día a día con la condición de menstruar? , ¿cómo no volver de este fenómeno un testimonio compartido? , ¿por qué degradar y normalizar el dolor en aras de “ser algo natural”? , ¿por qué no propiciar las condiciones laborales y económicas correctas para facilitar la vida de los individuos menstruantes? Ha sido una trayectoria impresionante y casi dolorosa saber cómo, de igual forma que la mía, al crecer y desarrollarme como un hombre homosexual, la menstruación, como mi sexualidad, ha sido normalizada, teatralizada y tematizada como un elemento abyecto, vulgar, íntimo, oculto. Nuestras madres, amigas y colegas no tendrían que pasar por estas experiencias.

Es ridículo que existan diferencias culturales tan distintas en torno a este fluido, la sangre. Aparece como un fetiche en ficciones del cine como en las películas de vampiros; los lazos familiares se siguen considerando como “lazos de sangre”; el pacto de sangre unido con las palmas es símbolo de unión infinita; en todas las misas, el vino de consagrar se transforma en la sangre de Cristo. ¿Por qué este mismo fluido abandona sus características místicas, de placer, unión y purificación al salir de la vulva de una mujer?