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Breve historia de la regla: de las maldiciones a las reivindicaciones ambientalistas

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Los registros históricos sobre la menstruación los hicieron principalmente hombres cuyos prejuicios cambiaron la conversación por siglos


En 1997, la artista costarricense Priscilla Monge salió a caminar y realizó actividades cotidianas por las calles de su natal San José manchada de su propia sangre menstrual, la cual escurría en unos pantalones que ella misma confeccionó con toallas sanitarias .

Las reacciones ante su performance fueron de escándalo y controversia, lo que comprobó su punto: la menstruación sigue siendo un tabú en la modernidad y para muchos es un estigma, algo que debería permanecer escondido.

Aunque el activismo y movimientos artísticos como el de Monge han logrado grandes cambios en la sociedad actual, la menstruación y su historia siguen siendo invisibles en muchos contextos. Las ideas en torno al sangrado mensual femenino sí han evolucionado a lo largo de la historia, pero las transformaciones en las concepciones y su manejo no son tan contundentes como podría suponerse, teniendo en cuenta que millones de mujeres han menstruado mensualmente a través de los tiempos.

Helen King , profesora de Estudios Clásicos en The Open University , aseguró que en la antigua Grecia las mujeres esperaban tener un flujo regular y abundante cada mes, de lo contrario, se creía que no tenían una buena salud y era necesario un tratamiento médico para que la sangre no se “acumulara” en el cuerpo.

En cuanto a la manera en la que manejaban el sangrado, detalló que en la mayoría de las sociedades antiguas se usaban pedazos de tela que se lavaban para volver a usar, o en algunos casos, simplemente dejaban que fluyera a través de su ropa.

“Actualmente, la idea que un periodo es como un ‘sacrificio’ suena terrible, pero en la Grecia Antigua, puede que las mujeres se sintieran orgullosas de que su cuerpo estuviera ofreciendo una especie de sacrificio, demostrando así, que ellas podían ser una conexión entre los dioses y los mortales”, dijo King, cuyo interés en el tema comenzó porque su endometriosis hacía que sus periodos fueran abundantes y dolorosos, así que era algo que siempre estaba en su mente.

Para muchas mujeres de otros tiempos, la vivencia de la menstruación no era mucho menos que una maldición, algo que había sido impuesto por castigo divino. Esta percepción se acentuó debido a que la mayor parte de los registros históricos que se hicieron sobre este tema fueron documentados por hombres, cuyas teorías (y prejuicios) sobre la salud reproductiva femenina limitaron y condenaron la conversación por siglos.

De acuerdo a Sara Read , profesora de Loughborough University y autora del texto “Menstruation and the Female Body in Early Modern England”, era común que la religión y la medicina se combinaran, aún con la llegada de un pensamiento más moderno.

“El químico belga, Jan Baptist van Helmont, decía que la menstruación era parte del castigo de Eva y que era un recordatorio permanente de la naturaleza pecaminosa del género femenino”, explicó Read, especialista en la representación cultural de la salud reproductiva de las mujeres en el siglo XVII.

Otras ideas que los hombres propagaban era que la sangre menstrual era venenosa y que una mujer en su periodo podría causar que el vino se echara a perder, que se murieran las cosechas y que las navajas se oxidaran.

"Entender la manera en la que los periodos eran vistos en el pasado es vital, porque demuestra el origen de los prejuicios y tabúes, además, les da contexto para que éstos puedan ser desacreditados", agrega Read.

Con la llegada del siglo XX, las concepciones sobre la regla comenzaron a basarse en el pensamiento científico y, según explicó Lara Freidenfelds en su libro “The Modern Period”, fue poco a poco que las mujeres se adaptaron a una manera más moderna de hablar sobre su ciclo.

Aunque en las familias casi no se tocaba el tema, las jóvenes se educaban con pláticas entre amigas, visitas médicas y comprando libros de salud que no eran proporcionados en las escuelas, pero eran esenciales para comprender lo que pasaba en su propio cuerpo.

Algunas mujeres incorporaron prácticas modernas en la década de los 20 y 30, mientras que a otras les tomó varias décadas, haciéndolo hasta los 50 y 60, época en la que finalmente hicieron su aparición nuevos productos más accesibles y cómodos, cuyo objetivo era mejorar la experiencia de las mujeres.

Harry Finley director del Museum of Menstruation , el cual cerró en 1998, pero aún cuenta con material educativo, destacó que los principales avances que marcaron un precedente en décadas recientes fue el uso del algodón y la aparición de las primeras toallas adheribles, en los 70.

Con esto, finalmente se eliminó la necesidad de usar cinturones y arneses incómodos que eran diseñados para mantener las toallas en su lugar, pero en medio de todos estos avances en cuanto a funcionalidad, la representación visual seguía siendo un tema complicado.

“Los anuncios publicitarios de los primeros productos sanitarios estaban enfocados a presentarlos de manera educativa, para que las consumidoras se pudieran familiarizar con ellos, pero el lenguaje que podían usar para promocionarlos estaba bajo gran censura”, explicó la Doctora Camilla Mørk Røstvik , experta en la cultura visual de la menstruación.

“En la industria publicitaria nadie quería trabajar en este tema porque no había dinero de por medio y no podían ganar premios por su trabajo, entonces las mujeres eran a las que se les asignaba la tarea de promocionar estas cosas. Si te pones en el lugar de alguien que está trabajando en un tema tabú, con cláusulas de censura muy estrictas, es muy difícil, porque no podían usar humor o elementos realistas o ser creativos”, mencionó la también fundadora del UK Menstruation Research Network .

Cuando los tampones, una de las opciones más recomendadas por la comunidad médica, hicieron su revolucionario arribo muchas mujeres no se atrevían a usarlos debido a los conflictos morales de la época, relacionados con la virginidad, la masturbación y los métodos anticonceptivos.

Como respuesta a este y otros conflictos morales, corporativos y médicos, entre ellos la seguridad de los productos disponibles en el mercado, surgió el activismo menstrual que fue liderado principalmente por feministas de la segunda ola, corriente que se dio entre 1963 y 1989 y tenía como objetivo la lucha contra el sexismo sistémico para alcanzar la equidad social, además de la igualdad de los derechos.

El movimiento generó un gran cambio en la manera en la que se percibían los períodos, ya que se buscaba posicionar a la menstruación como una fuente de poder femenino, cuyo gran potencial no estaba siendo explotado.

“El activismo menstrual rechaza la construcción que define a la menstruación como un problema que necesita una solución o, como dice la historiadora Joan Brumberg, es algo que va más allá de una ‘crisis higiénica’”, escribió la autora Chris Bobel en su libro “New Blood: Third-Wave Feminism and the Politics of Menstruation” .

Para Mørk Røstvik, fue la suma de los esfuerzos de activistas y artistas, con la ayuda del internet, lo que marcó un cambio en la manera en la que se habla de la menstruación en la actualidad.

“Está el tema político que le da a las mujeres conocimiento sobre su cuerpo, está la contracultura de expresiones creativas y también está el lado espiritual de todo esto, en el que las personas religiosas y espirituales, principalmente las mujeres, dicen que la menstruación te hace una mujer y es algo hermoso, todo esto se junta hasta llegar a donde estamos ahora”, reflexionó.

Hoy en día, la conversación ha tomado una nueva dirección, siendo el ambientalismo y la lucha por los derechos LGBT+ otros asuntos importantes que se han integrado a la agenda del activismo, cuyos representantes siguen tomando las calles, las redes sociales, el sector de salud y la política para exigir mejoras, para que no se repita la historia, para evolucionar en honor a todos los que estuvieron desde antes y, especialmente, a las mujeres que marcaron un precedente en la cultura de la menstruación.