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'Compañere': ¿Qué implica asumirse como una persona no binaria?

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El caso de la videollamada donde surgió esta palabra reabrió el debate sobre el lenguaje inclusivo

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Las personas no binarias no son nada nuevo, existen en el ámbito público desde las mitologías mesopotámicas. Es así que cuando el alterado Bowie dijo “ladies, gentlemen and others” (damas, caballeros y otros) al entregarle un Grammy a Aretha Franklin de 1975 no estaba inventando el hilo negro, sólo hacía evidente para las grandes masas que hay un más allá de lo binario.

Hoy, 46 años después de aquel pronunciamiento involuntario, se ha intensificado la discusión sobre el uso de pronombres personales en el idioma español fuera de los tradicionales él/ella y ellos/ellas.

El lenguaje incluyente ha propuesto al elle/elles como una solución gramatical, con el objetivo de identificar y nombrar a las personas que se consideran fuera del binarismo masculino-femenino.

Pero vamos con los básicos de primaria antes de seguir.

¿Qué es un pronombre personal?


Son pronombres asociados a una persona gramatical; son por tanto morfemas sin contenido léxico, cuya referencia está condicionada por el contexto lingüístico o por inferencias pragmáticas. En términos simples: se refieren con frecuencia a personas o cosas reales extralingüísticas más que a sustantivos del contexto. A esta propiedad de referirse a otros elementos tanto lingüísticos como extralingüísticos se le denomina deixis.
Por ejemplo: Jesús no es tan dadivoso como él pensaba.

Con lo técnico en mente, podemos pasar a la socialización del lenguaje. Y en la medida en que los pronombres sirven para asignar categorías universales pero también particulares a las personas y las cosas, es necesario ir más allá de las categorías gramaticales y detenernos en cómo estas configuran el mundo. Porque sí: el mundo es lenguaje.

Sobre las personas no binarias.
Volviendo al lenguaje y las personas no binarias: cuando hablamos de identidades, toda persona que no se identifica como hombre o mujer, está en una identidad no binaria.

(Que es distinto de las personas cuya identidad no concuerda con la que le asignaron al nacer, que sería trans).

En este sentido, la polémica sobre el uso de los pronombres personales correctos para cada persona, este martes circuló en redes sociales un video donde, en medio de una clase, una persona explota al no ser nombrada como elle, su identidad correcta. El clip ha sido reproducido miles de veces y, por supuesto, motivo de acoso.

¿Qué significa compañere?


En el video una persona no binaria exige se le llame compañere, en una circunstancia de frustración ante la llamada enefobia: rechazo, odio, maltrato hacia personas no binarias.

La petición no es un capricho, es una deconstrucción social pertinente para alguien que no se identifica con lo establecido. Un pedimento lógico para alguien que quiere ser nombrade bajo las reglas de su propia identidad. Porque cabe decir que nadie cuestiona a hombres y mujeres que se asumen bajo una identidad construida en lo binario. En ese sentido: nada es natural: llamarnos ella/él/elle es una construcción social, no un mandato divino o de la naturaleza.

¿Por qué respetarlo?


La preferencia por el uso de un lenguaje neutro es una realidad. Y aunque sea difícil de entender, no es un capricho que alguien se inventó a la hora del almuerzo. Y esa realidad atraviesa de muchas maneras la identidad de quienes no se identifican con los géneros establecidos socialmente.

Es verdad que desde el principio de los tiempos el lenguaje se ha construido desde una perspectiva machista y corresponde a la sociedad que ahora lo configura cambiarlo. Se está en ello.

En una sociedad que respeta los derechos humanos no deberían existir más este tipo de acotaciones sobre el respeto por todas las personas que configuran el mundo real, pero es cierto que ante la negativa al cambio siempre hay que volver para señalar a las y los necios que piensan, de forma ignorante, que las personas y el lenguaje no evolucionan y que dependen de un libro.

El lenguaje ha ido cambiando a lo largo de los siglos según el uso que le da la sociedad, se transforma y se adapta a las necesidades actuales.
¿Por qué resistirse al cambio que incluye a todas, todos y todes?

Como colofón, lo más grave de esta polémica no es que siga en discusión el uso del lenguaje, sino que hay personas vulneradas en su identidad. Debería estarse discutiendo: ¿quién grabó y distribuyó el video que expone los datos personales y un momento complicado para una persona que, bajo cualquier circunstancia, exige ser tratada con empatía y respeto?

Deberíamos estar hablando de la poca empatía de LAS y LOS necios por los derechos de los demás.