¿De qué se trata la brecha del orgasmo?

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Al parecer, los hombres le deben mucho placer a las mujeres, pero todo tiene solución

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“Una relación sexual satisfactoria tiene una duración aproximada de 5-10 min, con orgasmo pleno en ambos. Dejen de ver porno, no tienen que durar 1 hora, después crean fantasías irreales del tiempo y calidad de la relación”, escribió @MrUrologo, y con eso se prendió la discusión en Twitter.

En las respuestas hay de todo, desde quienes lamentan la interacción sexual heterosexual, pasando por quienes subrayan que esta afirmación es un prejuicio masculino, hasta quienes recuerdan que la sexualidad humana es más compleja que el coito.

La pregunta de cuánto se debe durar no es nueva y hay un montón de perspectivas. Pero no sólo se trata del tiempo, una de las frases más recurrentes en las respuestas de las mujeres era sobre llegar al clímax, más allá de si lo conseguían en 30 segundos, cinco minutos o una hora.

Inevitablemente todo apunta a un problema más grande: la brecha del orgasmo, y no hace falta ir muy a fondo para entender que muchas de estas lecturas médicas del placer también son limitadas y esencialistas, como si todo lo que implica el acto sexual sin penetración fuera un extra o un regalo no indispensable para nadie, menos para los hombres cuyo fin es eyacular como sea.

Y no es prejuicio, ahí están los números. Por lo menos dos estudios, uno de 2018 y otro de finales de 2019, dicen que sólo el 65% de las mujeres experimentan un orgasmo con regularidad cuando tienen sexo con hombres, mientras que ellos llegan al clímax por lo menos un 95% de las veces.

Y si lo comparamos con parejas lésbicas el resultado es apabullante: 86% de las mujeres que tienen sexo con otras mujeres consiguen alcanzar el éxtasis. La medición no fue pequeña, se consultó a 52 mil personas en Estados Unidos.

Por otro lado, la marca de condones Control, hizo su propio estudio y encontró unos números muy parecidos: el 60% de las mujeres tiene problemas para alcanzar un orgasmo frente al 23% de los hombres.

Pero nada es definitivo, pues como en todo lo social, el sexo no es un modelo único y los protocolos sexuales cambian tanto como personas lo practican. Por lo menos eso es lo que dice Natividad Povedano, quien ha escrito ensayos sobre la libertad en la vida sexual de las mujeres y afirma que: “Mujeres (y hombres) hemos estado sometidas por el poder, a formas preestablecidas de relación sexual que se nos presentaban como incuestionables, que no podían ser de otra manera, como si fuera una ley inmutable de la naturaleza. Esos dictados referidos a nuestros cuerpos, pensados en pos de la reproducción y el placer de los hombres, podían ser obedecidos por las mujeres pero no aceptados, en la mayoría de los casos nos hacían sentir como anormales y callábamos. El mismo sentimiento de no normalidad propiciaba que lo mantuviéramos en silencio, pensábamos que eso solo nos pasaba a nosotras, que éramos unas raras y frígidas, las demás no tendrían ese problema”.

La misma Povedano pone sobre la mesa otro tema crucial de la noción del placer: “Nos mostraron la sexualidad como peligrosa, el deseo de los hombres como irrefrenable y del que había que protegerse hasta que llegara Dios a unirnos. Una vez unidos ya no era un peligro, sino una bendición”.

Así, con una sexualidad violentada, incluso por médicos “expertos” que afirman tener la verdad sobre “lo normal” y “el verdadero” placer de las mujeres, se ha creado una ola de supuestos descubrimientos y trucos coitales para que el sexo sea exitoso para ellos.

Y hay más problemas aún: el desconocimiento de la anatomía femenina, del que incluso muchas mujeres somos partícipes porque hay muy pocos espacios donde puedas preguntar de manera libre y segura. Así, puede haber adultas que hasta hoy sigan sin saber que no todos sus genitales se llaman vagina, que tienen vulva, clítoris y labios mayores y menores. Peor aún, que no consideran que pueden alcanzar orgasmos sin necesidad de un pene penetrándolas.

La escritora y sexóloga francesa Valérie Tasso ha escrito del gran lastre que es la falta de educación sexual y autoexploración. Y también lo pone en números: alrededor del 76% de las mujeres necesita la estimulación del clítoris para alcanzar el orgasmo. Su parámetro a alcanzar son las lesbianas, pues afirma que son ellas quienes han llevado la batuta del autodescubrimiento de su anatomía.

Como es de esperarse, la revolución sexual femenina está ocurriendo desde hace décadas, se ha avanzado pero sigue faltando mucho para llegar al clímax de ese ideal donde cada quien es responsable de su propio placer, incluso donde no exista ninguna “autoridad médica” que ostente tener “la verdad” sobre el tiempo que alguien debe dedicar a buscar su placer.

“Hay que restarle solemnidad al orgasmo”, dice Tasso, y sí, pero cuando se trata del femenino, habría también que tomárselo en serio y, sobre todo, preguntar a ese alguien con quien estás intentando conseguirlo.