Sobre la brillantina rosa y el feminismo: ¿una marcha que no se olvidará?

El ángel "grafiteado", mucha brillantina rosa en el suelo y una polarización de opiniones; también dos décadas de feminicidos

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La marcha feminista del pasado 16 de agosto en la Ciudad de México dejó como saldo a un reportero lastimado (por parte de un supuesto hombre infiltrado), destrozos en una estación del metrobús, el Ángel de la Independencia grafiteado, mucha brillantina rosa en el suelo y una polarización de opiniones, éstas últimas debatiendo si las acciones de contingentes radicales fueron lo suficientemente efectivas como para garantizar la seguridad de las mujeres en el país.

Aquí, el contexto que quizá asegure a esta manifestación dentro de una página en la historia de México y el feminismo.

La manifestación, o mitín, que se realizó el pasado viernes en la Glorieta de los insurgentes y que terminó en un grito de “¡justicia!” a las afueras de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), tuvo motivo luego de tres presuntos casos de abuso sexual por parte de policías contra mujeres en la CDMX.

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El primero, en el que una indigente de 27 años asegura haber sido violada por dos policías dentro de un hotel en el centro histórico de la ciudad; el segundo, cuando el 3 de agosto una adolescente de 17 años denunció haber sufrido de una violación por parte de cuatro agentes policíacos la noche que caminaba de regreso a su casa en la alcaldía de Azcapotzalco; y finalmente el tercero, el 8 de agosto, de parte de una menor de edad que declaró haber sido abusada por un policía bancario en el archivo del museo de fotografía (MAF).

Estos casos, la mecha que incendió el coraje de mexicanas y mexicanos que se reunieron a manifestarse en la SSP, son el principio del contexto detrás de titulares que enfocaron la atención hacia el vandalismo que se vivió esa tarde.

Por lo que antes de continuar hablando del estado en el que terminó el monumento del Ángel de la Independencia, vale la pena priorizar en los números que provocaron esta manifestación que, nos guste o no, probablemente pase a la historia.

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Con respecto a si la ciudadanía pudiera dudar o no de que dichos casos de violación y abuso por parte de elementos de seguridad pública sean falsos, esta misma semana, Amnistía Int. México liberó datos dentro de su informe “Sobrevivir a la muerte” acerca de torturas hacia mujeres por parte de policías y fuerzas armadas en la República, revelando que el 33% de las mujeres entrevistadas han denunciado haber sido violadas durante su detención.

Los detalles, mucho más explícitos, de las formas violentas en las que ellas afirman haber vivido torturadurante sus arrestos, ‒incluyendo violaciones con objetos‒, fueron republicados este 18 de agosto vía vía Twitter, en la cuenta de la organización defensora de derechos humanos, sin embargo, el informe ya era público desde el 2016.

Ciudadanas, e incluso mujeres dentro del cuerpo policíaco en el país, no sólo tienen rabia al miedo de sentir cerca una patrulla, con y sin pañuelos verdes, las mexicanas están hartas de la violenta misoginia que, por ejemplo, le ha dado un primer lugar a México en pornografía infantil.

Entre los asistentes no faltaron las madres de familia, en busca de justicia a sus hijas desaparecidas: Livia Florencio marchó por su hija Daniela Vázquez Florencio, quien apareció muerta en 2017 en Ecatepec, Edo. de México y hasta el momento no hay ningún detenido.
Robin Ruelas

De acuerdo a cifras del Sistema Nacional de Protección Integral a Niñas/os y Adolescentes, se elevó la denuncia por abuso sexual a niñas de entre 0 y 5 años en un 310%, mientras que cada año terminan embarazadas más de 11 mil niñas de entre 10 y 14 años como resultado de abuso sexual. Tan sólo en la etapa de noviazgo, el 76 por ciento de las mexicanas vive violencia por parte de su pareja y, finalmente, las cifras más duras: 270, el número de feminicidios registrados al mes, y 9, las mujeres que mueren al día en todo el país.

Esta crisis de abuso y feminicidios ha desembocado en el hartazgo de muchas y muchos, de la indignación en familiares a quienes la violencia contra sus hijas, hermanas y madres (incluso abuelitas) les ha destrozado la vida.

Son aquellos quienes públicamente lo externan: "Un monumento. Una estación de metrobús. Les salió barato, la neta", como lo publicó la actriz mexicana Karina Gidi, quien esta semana reveló a un medio mexicano como cuatro hombres, encapuchados y con armas, entraron al hogar de su hermana y también la agredieron.

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Finalmente, todo esto es el contexto que, no sólo carga con la manifestación #Vivanosqueremos en 2016, que tampoco jala únicamente a la marcha en 2017 por Mara Castilla, y que mucho menos se queda ahí, en la movilización del 8 de marzo en el 2018; se volvió esa respuesta con ira, la que terminó pagando un monumento histórico de la Ciudad. Es el lastre de 20 años desde las muertas de Juárez.

Sí, el vandalismo fue la respuesta inmoral y poco cívica de los contingentes feministas el pasado 16 de agosto, eso ninguna cifra o número lo podrá cambiar, pero, con respecto a lo que le espera a la historia de la pasada manifestación, hay una responsabilidad que se vuelve urgente compartir: esta vez no podrá quedarse en el olvido.

"Las paredes se pintan, pero las mujeres no regresan"; con estas insignias, feministas marcharon en la CDMX

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La marcha en protesta por el caso de la adolescente de 16 años presuntamente violada por cuatro policías dio inicio el 16 de agosto a las 18:30 horas desde las afueras de metro Insurgentes.

Robin Ruelas
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