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¿Menstruar o no menstruar?, esta es una decisión que nadie les dijo a las mujeres que podían tomar

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Otro dato que agregar a la lista de “Cosas que a las mujeres nos han ocultado de nuestro cuerpo”: Podemos inducirnos a la ausencia de regla


Soy parte de un grupo de Whatsapp con varias amigas feministas donde, entre otros temas, hablamos abiertamente de menstruación. Un día estábamos contando nuestras experiencias con la copa y recomendando las marcas y modelos que nos habían funcionado. Nos sentíamos las más expertas, ecológicas, dueñas de nuestros cuerpos. Creíamos que ya no había un nivel mayor de empoderamiento que haber sacado tampones y toallas de nuestras vidas . Hasta que una de nosotras, Yoalli Palma , que es ginecóloga, escribió:

“Yo usaría la copa por sus mil beneficios, pero me induje amenorrea”.

Las demás del chat, que nos dedicamos a profesiones cero científicas, como diseñadora gráfica o comediante, nos quedamos anonadadas. El dato nos cayó como cubetada de agua fría y nuestra sensación de fabulosidad se esfumó. ¿Qué? Alguien puso el sticker de Pikachu boquiabierto y el resto le pedimos a nuestra amiga doctora que nos contara más sobre el desconocido mundo de suprimir la regla.

Copio-pego lo que nos explicó a continuación:

“La amenorrea inducida se hace con hormonas. La más fácil es con las pastillas anticonceptivas orales, porque simplemente no las suspendes, te las sigues de corrido. Eso sirve si te quieres ir a la playa y justo te va a bajar en los días que te vas, te empiezas a tomar un mes antes las pastillas y las continúas los meses que no quieras que te baje. Eso hacen mucho las europeas, pero a la larga es más caro, porque si multiplicas 300 pesos por 12 meses pues ya te sale en 4 mil al año. Ahí entran los hormonales de larga duración, como el implante, que libera hormonas de manera sistemática y dura más años, pero puede tener más efectos adversos por la cantidad de hormonas. O el DIU con hormonas, que es el que yo traigo, que libera hormonas de manera local y hace que no crezca el endometrio, por lo que no te baja la mayor parte de los meses o te baja muy poco. Esto ocurre en el 80% de los casos. A la larga es lo más barato, porque te cuesta entre tres y seis mil pesos, dependiendo el gine, y te dura cinco años. Personalmente, lo amo”.

OK. Un dato más a la lista de “Cosas que a las mujeres nos han ocultado sobre nuestro cuerpo”, como las dimensiones reales del clítoris o que el himen no sirve para nada. Ahora resulta entonces que podríamos no menstruar.

Sigo investigando. Me meto a Google y con la idea de buscar estudios científicos al respecto. Los primeros papers que encuentro hablan de amenorrea inducida en casos extraordinarios, como mujeres astronautas.

¿Y las que tenemos oficios terrestres? Puede que no hagamos misiones en el espacio exterior, pero cualquiera que sea nuestra chamba, si es en la oficina, en la casa o en la luna, deberíamos tener la suficiente información para poder decidir si menstruamos o no.

Por mensaje directo contacto a Yoalli, médica con especialidad en ginecología y obstetricia, para que me cuente más. Dice que, al menos hace siete años, ni siquiera entre la comunidad médica había mucha información al respecto. “Desde que me bajó, a los 11 años, me dolía mucho y me bajaba en gran cantidad. En la universidad veían cómo lloraba, me tiraba y sufría”. Aún era estudiante cuando, en una plática de pasillo, un compañero le sugirió un dispositivo intrauterino con levogestrel, cuyo nombre comercial es Mirena. Este chavo le dijo que se lo ponía gratis, para practicar. Ella aceptó. Y aunque el procedimiento fue doloroso, porque el colega no tenía experiencia y lo hizo sin anestesia, al poco tiempo Yoalli supo que había valido la pena.

“Cambió radicalmente mi vida. Me dejó de doler y, cuando menstruaba, a veces ni me daba cuenta. Con los meses me dejó de bajar. También fue un alivio económicamente, porque yo gastaba muchísimo en toallas. Empezó a cambiar mi estilo de vida, ya no me dolía ni me enojaba , y además no me preocupaba de embarazarme. Fue una maravilla”. Yoalli empezó a ser parte del porcentaje de mujeres cuya menstruación dejó de llegar por completo.

La mala noticia es que los anticonceptivos hormonales no son para cualquiera. “Primero tienes que hacer una historia clínica de la paciente. Quienes tienen antecedentes en familiares de primer grado, o sea mamá o hermana, con cáncer de ovario o cáncer de mama, relacionados a hormonas, no son candidatas. O que tengan tías o abuelas que los hayan padecido antes de los 40”. Esto aplica, sobre todo, para la píldora, que contiene progesterona sintética, una hormona asociada con estos padecimientos, y para las inyecciones e implantes.

Yoalli Palma explica que el Mirena es más seguro porque actúa solamente a nivel local, no sistémico; sin embargo, no existen estudios suficientes ni con muestras poblacionales significativas para corroborar al 100% que no aumenta el riesgo de desarrollar estos tipos de cáncer. “Para no estarle jugando, no las vas a someter a estos anticonceptivos”. Tampoco es apta para pacientes con antecedentes de trombofilias o que sufran abortos recuerrentes.

Itzel Alvarado, ginecóloga con subespecialización en biología de la reproducción, explica que el Mirena también está contraindicado en personas con malformaciones uterinas. Y que si hay cáncer activo del cérvix, ningún método hormonal debe usarse. Además, alerta sobre posibles efectos secundarios. El más común es que haya poquita sangre, pero de forma persistente, lo que en mexicano calificaríamos de “chingaquedito”. “Entre un 15% y un 20% de las pacientes cursan con lo que se llama spotting, es decir, manchados escasos, que no son como una menstruación, pero sí son continuos. Este manchado es normal durante los primeros dos a tres meses de la colocación del DIU. Sin embargo, en algunas de ellas el sangrado dura todo el tiempo de uso del Mirena, lo cual provoca incomodidad. Existen maneras de controlar el sangrado, lo primero es iniciar analgésicos, pero si éste no mejora, a veces es necesario utilizar un método hormonal adicional, lo que hace a algunas pacientes desistir y retirar el dispositivo”.

En el caso del implante o los métodos inyectables, que contienen progestinas, “existen otras efectos secundarios en ciertas pacientes, como disminución de libido”. Y con el Mirena, “el hecho de que tenga levonorgestrel, que es una hormona androgénica, en algunas pacientes puede que les incremente la cantidad de acné o el vello facial o en la espalda”, dice Itzel.

Aunque estas posibles consecuencias no suenan divertidas, para mujeres con dolor severo , menstruaciones abundantes y que duran muchos días, serían como un día de campo. Por ejemplo, el Mirena es uno de los métodos indicados para tratar los síntomas de la endometriosis, que suele causar dismenorrea incapacitante. Sin embargo, y con todas estas ventajas, dice Yoalli que, en sus años de experiencia dando consulta, sólo una paciente ha llegado a pedirle explícitamente que le suprima la regla. La mayoría busca un método de planificación familiar conveniente, y el 80% de quienes eligen el Mirena se llevan la bonita sorpresa de que, además, dejan de menstruar.

Tenemos la fantasía de que la menstruación sirve para “limpiar” el cuerpo , y que evadirla crearía una especie de acumulación de cochambre dentro del útero. Pero no, ni que este proceso fisiológico fuera el Marie Kondo de la naturaleza. Lo que hacen estos métodos hormonales es prevenir que el endometrio, que es lo que normalmente se desprende cuando ocurre la menstruación, se desarrolle. Entonces no hay nada que “desechar”.

También existe la idea de que dejar de menstruar es “antinatural”, incluso entre quienes toman o han tomado píldoras anticonceptivas. Aunque, de hecho, el sangrado que se experimenta con ese método anticonceptivo es artificial. Los ingredientes activos de este medicamento suprimen la ovulación y adelgazan el endometrio. Después de 21 días de tomarlo se suspende su uso por una semana o se toman pastillas sin ingredientes activos (llamadas “píldoras placebo”). Durante este lapso ocurre un sangrado causado por el “bajón hormonal”, por una deprivación que provoca el recubrimiento del útero. Y perfectamente se podría prescindir de él.

Según la Guía para la anticoncepción oral de hormonas combinadas, publicada en 2019 por la Facultad de Salud Sexual y Reproductiva del Royal College of Obstetricians and Gynaecologists del Reino Unido, “los ciclos de la anticoncepción de combinación hormonal estándar fueron diseñados para inducir un sangrado cada mes, que imitara los ciclos menstruales ocurridos de forma natural. Sin embargo, este sangrado no aporta beneficios a la salud”. Todo lo contrario: ese intervalo libre de hormonas, con su respectivo sangrado, puede provocar síntomas como cólicos, dolor de cabeza y cambios de humor. Además, cometer errores en la toma de las pastillas alrededor de este intervalo, aumenta el riesgo de ovulación y, por lo tanto, de un embarazo no deseado.

La recomendación de esta guía es ofrecerles a las pacientes esta información para que puedan elegir, ahora sí libremente, si desean menstruar o no.

Estas importantes revelaciones deberían llegarnos a través de programas de salud pública y educación. No en un grupo de Whatsapp, mezcladas con Piolines, memes y fake news, como a mis amigas y a mí.